Porque había mucha tecnología en la Expo, sí señores, pero estamos tan acostumbrados ya a las pantallas planas, a la telefonía móvil y a los luminosos, que esas cosas ya no nos sorprenden tanto. Esa es una de las razones por las que la Expo no levanta pasiones.
Eso y que el interior de los pabellones tampoco es una gran cosa. Los edificios me parecieron tremendos y disfruté mucho con el Pabellón Puente, la Torre del Agua y el Alma del Ebro. El legado arquitectónico que deja la Expo es tremendo, pero los contenidos bastante flojos. Por no hablar de las interminables colas.
Una especial mención merece el pabellón de Canarias, cómo no, pero por chapuza. Muy desencantada me quedé con él y creo yo que por estas Islas tenemos mucho que decir del agua, o de la ausencia de ella. Tantas cosas que se pueden contar y que no creo yo que se resuelvan con unos cuantos paneles.
Hasta no hace mucho, recuerdo que en casa de mis padres entraba el agua dos veces en semana y todos corríamos a llenar los cubos y garrafas para el resto de los días. Mi madre desarrolló un instinto especial para escuchar las cañerías y adivinar cuándo tenía que poner la lavadora. También es bastante probable que los canarios lavemos la loza de forma diferente a otras comunidades autónomas, porque la carencia de agua nos ha hecho distintos.
Hablando de este tema con un amigo, me comentó que había una propuesta para el pabellón de Canarias en la Expo que simulaba una potabilizadora. Los visitantes podían experimentar con el agua y convertir la salada en potable, como se hace aquí, cosa en la que fuimos pioneros. Pero esa propuesta, no fructificó.
En fin, visto lo visto, creo que el pabellón de Canarias era ampliamente mejorable. Pero si usted quiere aprovechar estos últimos días de Expo para visitarla, no voy a desanimarle. Sólo por ver los edificios y el ambiente que se respira, merece la pena. Todo sea por sumar experiencias.

Yo estuve en la Expo.
Estuve allí trabajando durante dos meses, en uno de los restaurantes Fresh Store de la muestra. Nunca pensé que hubiera alguien que pensara exactamente lo mismo que yo acerca de la Expo de Zaragoza hasta el día de hoy. He leído tu comentario y puedo decir que coincidimos 100%. Lo mejor es el legado arquitectónico, aunque debo decir que la Torre del Agua me decepcionó mucho en su interior. Los pabellones son un engaña bobos en su mayoría. Lo mejor: las actuaciones nocturnas, siempre y cuando no tengamos en cuenta al publico dominguero que se cree que está en una terraza de verano hablando "a grito pelao". Unas cuantas cositas les quedan por mejorar, pero será para otra ocasión.
Todo el mundo que conozco y que ha ido a la Expo me comenta más o menos lo mismo, Laura, pero me faltaba la visión de alguien que hubiera trabajado allí. Así que gracias miles por tu comentario :-)