Después de ver en Xataca cómo va la venta de portátiles en el mercado, me viene a la mente una conversación que tuve hace poco en una cena.
La conversación empezó con el consabido "oye, tú que sabes de eso..." y siguió con "¿qué portátil me compro?". Este tipo de preguntas, junto con la de "¿cuánto cuesta una página web?", las suelo catalogar en la serie de "¿a cuánto el kilo?", más conocida por "la bola de cristal".
Cuando, además, el que te hace la pregunta es un señor al que acabas de conocer, del que no sabes sus hábitos de conducta (informáticamente hablando, se entiende) y que aparenta tener más de 60 años, la cena puede llegar a convertirse en un auténtico drama.
Sientes todas las miradas de la mesa clavadas en ti, a la espera de la respuesta. Por supuesto, casi todos los demás comensales tiene un portátil y esperan que les digas que el suyo es la elección correcta. Por supuesto, de todos ellos tampoco conocía sus hábitos de conducta informática.
La solución de compromiso es decir qué portátil tengo yo. Como se supone que "entiendo de eso", se sobreentiende que es una buena elección. Pero no, porque es muy pequeño (menos de 1Kg de peso) y el señor en cuestión quiere una pantalla grande. Entonces le comento que se vaya a un clásico, un Toshiba o un HP. "¿Un Acer?", me pregunta. Yo le digo que no me gustan mucho, pero que si le hacen una buena oferta, que pruebe (por supuesto, los dueños de Acer de la mesa, me miran con disgusto y pierdo toda credibilidad para ellos).
Entonces me dice que no, que prefiere algo de mayor calidad, aunque tenga que pagar más. "Un Vaio", le digo yo. "Ah, pero eso es muy caro", contesta con los ojos desorbitados. Eso me demuestra que ya sabe de qué va la fiesta y que la pregunta que me ha hecho es totalmente retórica y que ya tiene decidido el portátil que se va a comprar.
Total, que después de unas cuantas conversaciones de este estilo, creo que ante preguntas del tipo "¿qué portátil me compro?", voy a adoptar la postura gallega y a preguntar "¿qué portátil se quiere comprar?", diré que me parece una estupenda elección y terminamos antes.

Lo peor que te puede pasar, es que hagan caso de tu recomendación, porque si luego el equipo falla -y siempre fallan- te hacen responsable directo, incluso más que al vendedor.
A mi me han llamado 2 años más tarde de comprar un equipo que recomendé, a las 11:30 de la noche, y desde otra isla, para increparme ¡oye esto cacharro no funciona!.
Pues sí, Jose, tienes toda la razón :-)