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Pero no se murió, la pobre. Lo que le pasó es que sufrió en sus propias carnes el vacío del ministro. Eso y la crítica fue lo que no soportó.
He leído varias obras de Rosa Regás. Es directa, a veces descarnada; denota disciplina interior, rectitud de criterio, compromiso en la profesión. Y a buen seguro volcaría su forma de ser en su puesto en la administración pública.
Sin embargo, he de confesar que me sentí algo decepcionada cuando me enteré de que tomaba las riendas de la Biblioteca Nacional. Básicamente porque eso suponía adscribirla como satélite al platena "partido-político-en-el-poder". Además, me plateé, al tiempo que la mayoría de la opinión púlbica española, el eterno debate: ¿técnico o especialista?
Con el tiempo se ha ido demostrando que el especialista no tiene mucho futuro en el puesto de dirección en la empresa pública. Que fuera escritora parece haber sido el motivo por el que sus funcionarios no estaban de acuerdo con su nombramiento ni con su hacer. Incluso parece ser la causa del famoso robo que hizo temblar a la Biblioteca en su mandato. Puestos a buscar causas...
Ayer ella dijo basta y se fue, después de oír a su ministro comentar públicamente que no se había hecho nada en su área en tres años. No eligió el día, el de la muerte de Penella y la víspera del fallecimiento de Umbral. Pero confirmó que las letras están de actualidad. Y no necesariamente con alegría.

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