Nacer es saber que el camino comienza en un punto. Que hay un discurrir. Y que, en un momento, tiene un final.
El día del final es normal para los demás. Para aquellos que siguen corriendo sus caminos en su monotonía, ajenos al sentir que despierta ese final.
Pero el día del final es radical para los seres queridos de ese camino que se para. Y raro, nublado, denso y hasta un punto asfixiante para ellos, que se quedan inmersos en una batalla burocrática que quieren lejos pero no pueden obviar, a un protocolo agotador que supera unas 24 horas desoladas, tristes.
El día del final, donde los cruces quedaron atrás, las dudas se disipan, algunos de esos demás interrumpen su ritmo y se quedan quietos junto al que sufre, junto al que mira dónde reposa esa persona que se evapora. Y le apoyan. Y le quieren. Y se lo dicen.
Ánimo y fuerza, niña. El día del final pasará.

En esos momentos tan duros, muchas veces no se sabe qué decir, pero la mayor parte de las veces basta, simplemente, con estar ahí. Aunque sea de forma callada y en la distancia.
Gracias miles.
El día acaba con un anochecer de ensueño en estos siete diamantes en los que vivimos.
Cuando el sol se oculta y las nubes se tornan de los colores del picón parece que el día acaba, pero no es así. Empieza un nuevo día en otro sitio, en otro lugar, una sonrisa porque un nuevo día ha llegado aparece en el rostro de personas que dan gracias por seguir en el camino.
Y a nosotros, ¿qué nos queda? Nos queda pensar en que un camino acaba, para otro empezar, que ese día finalizó pero empieza la magia de la noche, donde se fraguan nuestros sueños y las estrellas alientan nuestra imaginación sin que seamos conscientes de ello.
¿Esas nubes son escaleras que bajan o que suben? Depende de que lado del camino nos encontremos. El final es un principio de un nuevo camino, tanto para los que lo acabaron, como para los que todavía tienen que andarlo, porque el viaje, ha cambiado.
Un besito, Esther. Ánimo :)
Ánimo Esther, y un abrazo muy fuerte.
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Muchos ánimos, Esther.