Los móviles ya forman parte de nuestro día a día, es algo tan sumamente cotidiano que podría pasar por un apéndice adhesivo de nuestra oreja o una extensión del brazo. Esto no es nada nuevo, lo sé, pero cuando esperas las maletas a las patantas de la madrugada en la T4 de Barajas, tampoco está una muy fina pensando cosas.
Estoy en uno de esos viajes de trabajo a los madriles que me tocan últimamente. Y no es que me queje, al contrario, aunque si no tuviera que pasar por el trámite de los aviones y aeropuertos, sería mucho más feliz. Pero hasta que no se perfeccione eso de la teletransportación, voy a tener que seguir soportando los desmanes de las compañías aéreas.
Llego al aeropuerto de Gando. Un montón de guiris requemados por el sol, salían de regreso a sus hogares. En las enormes colas extranjeras, nadie habla por el móvil. En cambio, en la reducida cola nacional, un 80% andaba pegado al teléfono.
Después del aleatorio cacheo del segurita, entro en la sala de embarque y noto que se produce la misma circunstancia: no veo a ningún extranjero identificable pegado al móvil, mientras que el producto nacional parlotea despidiéndose y pasea la maleta (ahora no se facturan) con la otra mano.
En la cola de embarque ya éramos casi todos nacionales y más llamadas al móvil. Que si ya embarco, que no te olvides de ésto, que vuelvo pronto y que te echaré de menos. En la guagua que nos lleva hasta el avión, más llamadas de móvil.
Ya en el avión, que iba hasta los topes, nos dicen que tenemos que esperar 45 minutos en pista, porque hay mucho tráfico. Y ¿qué hace la mayor parte de los pasajeros? Levantarse, sacar el móvil del compartimento de equipajes, encenderlo y llamar. Que si fíjate tú, que llego con retraso, que vaya mal funcionamiento, que fíjese usted.
Afortunadamente, las 2 horas y media de vuelo, no hubieron llamadas. Pero en cuanto el avión aterrizó, no habían parado todavía los motores y el imberbe que tenía al lado encendió su móvil. Si ya me cuesta trabajo no morderle un ojo a la gente cuando se desabrocha los cinturones sin que se apague la lucecita de turno, no puedo evitar la mala baba que me sale cuando encienden los móviles sin salir del avión.
Más llamadas de móvil en el camino a recoger las maletas. Ahí es cuando aprecias lo grande que es la T4. Para que llegaran las maletas, tres cuartos de hora, oiga. Una cantidad de tiempo excelente para llamar a todo el mundo y despertarlo, porque era cerca de la 1 de la madrugada. El tipo que estaba justo detrás mía hizo, sin exagerar, ¡¡10 llamadas!!
Yo me resistí hasta el último momento y, como todavía no me entiendo muy bien con mi troncomóvil / PDA, tampoco me animaba a llamar. Además, no creo conocer a tanta gente en este mundo y menos que estén despiertos a esa hora. Pero como una no es de piedra, entre tanto exceso de comunicación, me decidí a llamar a mi costilla. Por supuesto, lo desperté y, total, para decirle que había llegado, cosa que a esa hora le importaba una higa, básicamente.
Así que tanta tecnología comunicativa, no estoy segura de que sirva para mucho. La comunicación es siempre buena, pero me pregunto qué hacíamos cuando no teníamos móviles. ¿Usted se acuerda?

Ah, ¿pero es qué hubo una época en que no teníamos móviles? Yo creía que los niños siempre habían nacido con un móvil debajo del brazo.
Por si te sirve de consuelo, la penúltima vez que me vine para Madrid me gocé la bronca de un azafato de Spanair a un muchacho porque le sonó un mensaje justo cuando el avión tocaba la pista de aterrizaje. El mensaje lo escuchamos todos los que estábamos alrededor (y estaba cuatro filas por delante de mi y seis de la tripulación), pero todavía le porfiaba que lo acababa de encender. Como le dijo el azafato, si queres jugar con tu seguridad, hazlo, pero con la mía (y la de ciento y pico personas más), no.
En fin, que lo pases bien por Madrid y no te olvides de conectar el radar detector de canarios, que por estos lares se agudza.
Gracias, Ruyman, es un consuelo saber que no soy la única a la que estas cosas le ponen de los nervios ;-)
Y lo del radar, lo llevo puesto, aunque reconozco que una de las cosas que me encanta de Madrid, es el anonimato total y que nadie me conoce. En fin, ese punto asocial que me da de vez en cuando.
La verdad es que no sé exactamente cuál es la razón por la cual obligan a apagar los móviles. Hablé una vez con un piloto y me contó que rara vez tienen interferencias, que creía que solo pasaba con los móviles antiguos.
Y para hacer una comparación correcta españoles vs guiris, tendrías que ir a un país extranjero, porque no creo que nadie esté dispuesto a pasarse tres cuartos de hora pagando roaming.
Lo de apagar los móviles, tengo entendido que es por la cantidad. Parece ser que un par de móviles no causarían problemas, pero todo el pasaje utilizando móviles igual sí que los causa.
Y en cuanto al roaming, creo que los españoles en el extranjero sí lo pagarían. Creo que no podemos pasar sin hablar con alguien más de 5 minutos ;-)
rvr: ¿Y para qué llevarlo encendido, si a 10.000 metros no hay cobertura? A menos que tengas un teléfono satélite y seguro que esos sí que provocan interferencias. Además, "rara vez" no es nunca. Creo que, por si acaso, mejor apagados.
Esther: Prejuicios, prejuicios :)
Ruyman: Si fuera por "nunca", entonces no volábamos en avión o conducíamos en coche... ;)
rvr: no son prejuicios, es conocimiento del medio ;-)
Jajaja. Me identifico totalmente contigo, Esther... Me mata la gente que usa el teléfono para chorradas!!! Si Bell levantara la cabeza... :P
Antes de que existieran los móviles, se hablaba más con el de al lado. No estoy tan seguro de que las nuevas tecnologías sean buenas para la comunicación. Depende del punto de vista.