los blogs de Canarias7

Hackeo de GmailYa, ya lo sé. Cambiar las contraseñas es una lata. Te olvidas, te falta imaginación, tienes muchas cuentas y nunca encuentras el momento.

Pero hoy es el día, sufrido lector de Atarecos. Desde estas líneas te conmino a que cambies la clave de tu cuenta de Gmail. Parece ser que han sido hackeadas cerca de cinco millones de cuentas de Inglaterra, Rusia y España.

Puedes comprobar si tu cuenta es una de las hackeadas en Isleaked.com, pero te aviso que va un poco lento... debe haber bastante gente consultando.

Mejor te curas de espanto y cambias la contraseña, que nunca viene mal. Y como nos conocemos, seguro que tu clave para Gmail es la misma que tienes para Facebook, para Twitter y para (miedo me da pensarlo) el banco.

Así que tómate un tiempo para cambiar tus claves, que el que avisa no es mal amigo ni traidor ;)

Twitter de Canarias7

Estoy de vacaciones. Suena mi móvil. Un amigo me manda un Whatsapp. En él me dice que hay un error en la portada de la edición digital de Canarias7 y que a cuenta de eso, los lectores están dando caña en Twitter.

Me pilla lejos de un ordenador, así que con el móvil entro en Canarias7.es y veo que la noticia que abre la portada tiene un acento una tilde mal colocada. Es un fallo, evidentemente, pero no es uno de los más garrafales que han podido pasar en la edición digital de un periódico.

Entro al panel de control a través del móvil y hago la corrección del acento discordante. Miro los comentarios de la noticia por si algún amable lector nos ha avisado, pero no veo nada, así que la errata parece que ha pasado desapercibida en la edición digital. Por ese lado, me quedo más tranquila.

Voy a Twitter y busco las menciones de @canarias7, a ver quién está dando caña y de qué forma. Como mención no me aparece nada, así que busco Canarias7 y tampoco. Empiezo a arquear la ceja... o mi amigo estaba equivocado o el que estaba dando caña no quiso que nos enterásemos.

Busco de nuevo en Twitter, pero esta vez con el 7 separado de Canarias. Y ¡voilà! Allí está el comentario. Un usuario cuyo perfil dice que es periodista incluye un tuit bastante desagradable en el que relaciona la crisis de los medios de comunicación con el baile de acentos en la noticia de Canarias7.

Inflo la nariz, noto que me sube la adrenalina y que mis vacaciones están a punto de hacer aguas. Respiro hondo y me pregunto si el tuitero en cuestión no ha cometido nunca un fallo. O si no tenía otra forma de llamar la atención sobre el error, educadamente y sin confundir churras con merinas.

En ese momento levanto la vista del móvil, miro al grupo de gente que me estaba esperando, el día estupendo que hace y ese horizonte con mar que consigue calmar cualquier estado de ánimo. Así que respondo al usuario en Twitter dándole las gracias por avisar del error e informando de que ya está corregido. Con esta decisión empiezo a sentirme mejor y a retomar la sensación de vacaciones.

Al cabo de un rato, reviso Twitter esperando encontrar algún tuit de respuesta con un tono más amable (siempre he pensado que la amabilidad genera más amabilidad) y me encuentro con que el usuario ha respondido algo así como "perfecto, pero que no se vuelva a repetir por el bien de la profesión periodística".

Ahí es cuando tengo que recurrir a los años de experiencia tratando clientes, a la paciencia de la que siempre hago gala, a un par de respiraciones y a mirar de nuevo al horizonte con mar. Concluyo que no merece la pena contestar y sigo con mis vacaciones.

Moraleja 1: En las redes sociales nunca hay vacaciones.

Moraleja 2: No te lleves el trabajo a casa ni te tomes lo que dicen en las redes como algo personal.

Moraleja 3: Algunos usuarios de Internet no saben de qué va la (buena) comunicación.

Reloj SeikoRecuerdo cuando mis padres me regalaron mi primer reloj de verdad, no de los de pega con el ratoncito Mickey ejerciendo de manecillas con sus manos enguantadas, sino uno de persona mayor. Un Seiko plateado que se fabricaba en aquella época para muñecas pequeñas y que a mí me hizo adoptar la ilusión de que ya se me tenía en cuenta. Al fin y al cabo, si me preguntaban la hora, ya podía dar una respuesta con fundamento.

Pues bien, una de las cosas que más me gustaba de mi nuevo reloj era su resistencia al agua. En aquel entonces eso era la caraba y no recuerdo que ningún niño de mi entorno tuviese algo igual. Lo cierto es que nunca he sido muy amante de la playa y mi obsesión por cuidar los gadgets hace que jamás haya metido un reloj en la ducha. Así que lo del waterproof solo me servía para fardar y nunca descubrí si mi Seiko funcionaba debajo del agua.

Y dado que con la edad lo único que hacemos es incrementar nuestras manías, sospecho que tampoco voy a descubrir si mi móvil es realmente resistente al agua. Solo de pensarlo me entran escalofríos. Además, puestos a pensar, tampoco soy nada del otro mundo sacando fotografías. Los selfies y yo no nos llevamos muy bien, así que si me planteo hacerme uno debajo del agua, el resultado puede ser esperpéntico.

Así que seguiré viendo fotos bajo el agua a tutiplén, igual que el verano pasado me harté de ver fotos de pies. Pero es lo que tiene, los humanos no tenemos mesura y nos
lanzamos a la abundancia, no sea que el mundo se nos acabe mañana. Mientras, en mis escasas incursiones a la playa, seguiré forrando mi móvil de arriba a abajo para que no se le cuele ni un gramo de arena ni una gota de agua, no sea que por ser la más friki de la marea, la vayamos a liar.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 2 de agosto de 2014, acompañando al artículo Sombrilla, loción bronceadora, toalla y gadgets waterproof.

Conferencia de Didac Lee
Conferencia de Didac Lee (a la izquierda) en Incube, con Raúl del Pozo.
Foto: Arcadio Suárez / Canarias7

Por mucho que se empeñen nuestros políticos, no todo el mundo sirve para emprender. De la misma forma que no todos podemos ser astronautas, hay a quien su ambición empresarial le llega hasta el contrato indefinido. Y no es malo, para nada, en este mundo tiene que haber de todo y esas supuestas dotes extraterrenales que se le atribuyen a un emprendedor, son casi de ciencia ficción.

Así pasa lo que pasa, que los emprendedores piensan que van a ser como Bill Gates o Steve Jobs y se encuentran con una casa embargada o viviendo con sus padres a los 50, sin perspectiva de mejora y enfadados con el mundo en general. Pero no vamos a echarle la culpa de todo al gobierno, que eso es muy español también, vamos a hacer algo de autocrítica y pensar en lo que Didac Lee nombró en su charla como 'las trampas mentales del emprendedor', es decir, el autoengaño.

Nombraba en su conferencia que una de esas trampas es pensar que los socios solo se mueven por dinero. Y es cierto que muchos emprendedores trabajan por la pasión que sienten hacia un proyecto y si va bien cobran algo. Claro que para eso debes tener a alguien que te mantenga.

Pienso en más autoengaños en los que a veces caemos los emprendedores y se me vienen unos cuantos a la cabeza, como el de pensar que tu idea es la mejor del mundo y que no tiene fallos. Otro es el de creer que te bastas y te sobras para poner en marcha tu idea y que no necesitas a nadie. Uno más, que también nombró Lee, es el de creer que tu idea se vende sola.

Pero el autoengaño más grande, desde mi punto de vista, es el de pensar que eso de emprender es súper sencillo, que cualquiera puede hacerlo y que además, es la solución a todos tus problemas. Con esa mentalidad, seguiremos viendo empresas y estados de ánimo caer sin tino.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 26 de julio de 2014, acompañando al artículo Didac Lee: "No vivimos en época de cambios, sino un cambio de época".

Pantallazo de la página web de Ingress

Creo que ya he comentado otras veces que no soy muy jugona. No me llama la atención lo de plantarme delante de una pantalla, la que sea, durante horas para conseguir un objetivo virtual. Supongo que tiene que ver la cantidad de tiempo al día que invierto ya en estar delante de una pantalla o que los videojuegos no captan al público femenino en general, no lo sé, pero más allá del Tetris, no he conseguido engancharme a nada más.

Por el contrario sí que me gustan los juegos de rol y, aunque hace mucho que no participo en ninguno, recuerdo con cariño bastantes tardes simulando estar en un universo paralelo. Imagino que eso es lo que me llama la atención de Ingress, que aunque hay una pantalla de por medio, requiere de cierta interacción humana para llevarlo a buen término.

Así y todo he conseguido mantenerme al margen y no entrar, que yo ya me conozco y lo de dormir pasa a segundo plano. Y eso que tengo a mi amigo Ernesto enganchado todo el santo día, hasta el punto de pedirme que reduzca la velocidad a menos de 60 cuando vamos en el coche, para recoger no sé qué cacharro del portal de turno, mientras mira su tableta con ansiedad casi enfermiza.

Además, sé que los jugadores de Ingress se lo toman muy en serio, tanto que es difícil reunir en la misma habitación a miembros de diferentes facciones, a cuenta de los piques que tienen. Ya les digo que fue básicamente imposible reunirlos para una entrevista.

Eso me preocupa un poco, aunque sé que no es algo que se restrinja a este juego. Por norma general, los seres humanos nos volvemos un poco fundamentalistas con las cosas que nos gustan, aunque no sean reales y estén concebidas para disfrutar. Quizá hay que profundizar más en la materia exótica que nos propone Ingress para entender el quid de la cuestión.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 19 de julio de 2014, acompañando al artículo "Los perros de Santa Ana guardan el portal de la 'Materia Exótica'".

Captcha a lo canario

¡Qué pesados son los puñeteros robots que mandan comentarios sin tino a las páginas web con publicidad o por molestar! Hoy en día no nos libramos del maldito spam y cada vez que ponemos algún filtro para minimizarlo, le dan la vuelta y encuentran otra forma de entrar.

Como ustedes comprenderán, en Canarias7.es nos entran comentarios de spam día sí y día también y, además de los filtros tradicionales, hoy hemos incluido un captcha en los comentarios a las noticias.

Pero como hay que ser creativo hasta en esto de programar, a Ernesto se le ha ocurrido poner palabras canarias en la confirmación del captcha. Una tontería como otra cualquiera, pero puestos a pedir confirmación, mejor hacerla con "tecloso", "bochinche" o "requintar" y así de paso aprendemos palabras de nuestro léxico particular, que nunca vienen mal ;)

Probando unas vRaseCuando salieron fueron el boom del momento. A los amantes de los gadgets se nos pusieron los ojillos tiernos, pero el precio y la falta de aplicaciones hicieron que nos desinfláramos un poco y que todo quedara en algo folclórico.

Pero después de las Google Glass vinieron las Oculus Rift, las vRase e incluso las Cardboard de cartón. El mundo de los HDM (head-mounted display) ha ampliado horizontes y empieza a estar al alcance del usuario de a pie.

Por si no se lo cree, este viernes 11 de julio va a celebrarse un evento interesante en Las Palmas de Gran Canaria, se va a dar una clase magistral con los dos HDM más conocidos a día de hoy. El Hospital Perpetuo Socorro en colaboración con la ULPGC va a retransmitir en directo la primera operación quirúrgica que utiliza Google Glass combinadas con Oculus Rift.

El doctor Gerardo Garcés realizará una artroscopia de rodilla portando las Google Glass. Mientras, un sistema de streaming en directo realizado por la empresa Droiders, permitirá seguir la operación en cualquier sitio y recibir sus indicaciones.

El paciente llevará puestas unas Oculus Rift que lo aislarán del entorno mostrando imágenes y sonidos relajantes, reduciendo el estrés que provoca una intervención quirúrgica.

Supongo que la retransmisión no es apta para personas sensibles a la sangre, pero si se anima, la cita es el viernes 11 de julio, a las 10.00 horas, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Salud. El aforo es limitado a las 150 primeras personas que lleguen. Entrada libre. Los asistentes podrán probar ambas gafas.

Enlace para el seguimiento en directo de la operación.

Logo del portal Open DataCada vez son más los datos públicos que se ponen a disposición de la ciudadanía. Las leyes sobre la transparencia y el mayor uso de la tecnología hacen que podamos sacar provecho a esos datos.

Un ejemplo lo vimos ayer, día en el que nos desayunamos con la noticia de que llenar el depósito de la gasolina cuesta más caro que en enero de este año. Ahí Ernesto vio la posibilidad de generar un buscador que mostrara las gasolineras de los municipios canarios, junto con los precios actualizados de la gasolina, y lo montamos en la web de Canarias7.

El resultado es que ayer fue la página más vista del site, después de la home, que siempre es la que gana en las estadísticas. Los datos los sacamos todos los días del Geoportal de gasolineras del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que los tiene a disposición de la ciudadanía. Los descargamos, los procesamos y los mostramos en la página web, así de simple.

Pero si esto pasa con las gasolineras, imaginen la cantidad de información que podemos encontrar y procesar en otras áreas de nuestra vida cotidiana. Da un poco de vértigo, ¿verdad? Pues no se emocionen, porque aunque el futuro se plantea cada vez más transparente, todavía son pocos los datos que están en abierto.

En España podemos verlos en la página web del Gobierno estatal que recoge los datos abiertos a disposición de la ciudadanía. Si buscamos datos relativos a Canarias vemos que hay menos todavía, pero supongo que estamos en el camino.

Algunos enlaces de interés:

- El portal Open Data Canarias. Vemos que hay solo 14 instituciones con datos abiertos y 55 conjuntos de datos.

- El portal de transparencia del Gobierno de Canarias. Me temo que todavía le queda bastante de desarrollo, por ahora es un índice de enlaces bastante poco usable.

OrkutVaya mala suerte tiene Google con las redes sociales. A pesar de ser el buscador más utilizado del mundo y de contar con uno de los mejores servicios de cloud para documentos, no consigue cuajar como comunidad online. Y eso que cada vez hay menos personas que no tienen correo de Gmail.

Hoy he recibido un correo con el aviso de que Orkut empieza a cerrar. Y digo "empieza" porque se pegarán un tiempo intentando migrar las cuentas a Google+, la otra gran esperanza blanca que tampoco termina de despegar. El cierre definitivo será el 30 de septiembre de este año.

Orkut fue el intento de red social que lanzó Google hace diez años y que tuvo éxito en Brasil e India (según la Wikipedia), pero no terminó de calar en el resto del mundo. Podemos decir que es uno de esos sondeos que lanza la compañía de vez en cuando, como Google Wave, pero que pasado un tiempo cierran por no alcanzar las expectativas deseadas.

En cualquier caso, cuando me llegó el correo de aviso de cierre, tuve que hacer bastante memoria para recordar cómo era Orkut, de lo poco que lo usaba. Ahora toca esperar a ver si Google+ corre la misma suerte, o termina de cuajar... ¿Tú qué crees?

No sé cuánto se ha gastado Facebook en hacer el experimento de los estados de ánimo en la utilización de las redes sociales, pero el resultado ya se lo podía haber dicho yo sin tanta historia y por mucho menos. Supongo que siempre hay que tener las cosas avaladas con datos contrastados y sesudas conclusiones, pero no hay más que navegar un rato a primera hora de la mañana para saber cómo me va a ir el resto del día.

Un simple comentario mal encarado en una publicación o un post peliagudo de otra persona, puede hacer que arrugue la nariz y que me quede con la ceja levantada hasta el segundo café de la mañana. No creo que esto sea nuevo, la verdad, normalmente hacemos las cosas para causar algún efecto en los demás.

Leer un libro nos provoca emociones, mirar un cuadro también y ver el telediario ya ni les cuento. Hasta los supermercados están pensados para causarnos emociones y en eso basan su estrategia de mercado. El problema con las redes sociales y con Internet en general es que sigue siendo un soporte novedoso que mucha gente no comprende, así que nos da miedo pensar que alguien está manipulando nuestras emociones al otro lado de la pantalla, cuando es algo que se hace todos los días desde diferentes soportes. Es cierto que en las redes sociales las cosas se magnifican más o eso me parece.

Siempre resulta más atractiva la vida de los demás que la de uno mismo, pero no es más que el efecto de recibir información segmentada y sin ton ni son. Supongo que es el precio que tenemos que pagar por disfrutar de un soporte en el que puedes expresar tus opiniones cuando quieras. Ante eso solo cabe racionalizar y no dejarse llevar por la primera impresión. Todos tenemos días malos y no es oro todo lo que reluce. Y como siempre, sentido común.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 5 de julio de 2014, acompañando al artículo "Ser negativo en Facebook pone a los demás usuarios de mal humor".

Archivos mensuales