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Pantallazo de la página web de Ingress

Creo que ya he comentado otras veces que no soy muy jugona. No me llama la atención lo de plantarme delante de una pantalla, la que sea, durante horas para conseguir un objetivo virtual. Supongo que tiene que ver la cantidad de tiempo al día que invierto ya en estar delante de una pantalla o que los videojuegos no captan al público femenino en general, no lo sé, pero más allá del Tetris, no he conseguido engancharme a nada más.

Por el contrario sí que me gustan los juegos de rol y, aunque hace mucho que no participo en ninguno, recuerdo con cariño bastantes tardes simulando estar en un universo paralelo. Imagino que eso es lo que me llama la atención de Ingress, que aunque hay una pantalla de por medio, requiere de cierta interacción humana para llevarlo a buen término.

Así y todo he conseguido mantenerme al margen y no entrar, que yo ya me conozco y lo de dormir pasa a segundo plano. Y eso que tengo a mi amigo Ernesto enganchado todo el santo día, hasta el punto de pedirme que reduzca la velocidad a menos de 60 cuando vamos en el coche, para recoger no sé qué cacharro del portal de turno, mientras mira su tableta con ansiedad casi enfermiza.

Además, sé que los jugadores de Ingress se lo toman muy en serio, tanto que es difícil reunir en la misma habitación a miembros de diferentes facciones, a cuenta de los piques que tienen. Ya les digo que fue básicamente imposible reunirlos para una entrevista.

Eso me preocupa un poco, aunque sé que no es algo que se restrinja a este juego. Por norma general, los seres humanos nos volvemos un poco fundamentalistas con las cosas que nos gustan, aunque no sean reales y estén concebidas para disfrutar. Quizá hay que profundizar más en la materia exótica que nos propone Ingress para entender el quid de la cuestión.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 19 de julio de 2014, acompañando al artículo "Los perros de Santa Ana guardan el portal de la 'Materia Exótica'".

Captcha a lo canario

¡Qué pesados son los puñeteros robots que mandan comentarios sin tino a las páginas web con publicidad o por molestar! Hoy en día no nos libramos del maldito spam y cada vez que ponemos algún filtro para minimizarlo, le dan la vuelta y encuentran otra forma de entrar.

Como ustedes comprenderán, en Canarias7.es nos entran comentarios de spam día sí y día también y, además de los filtros tradicionales, hoy hemos incluido un captcha en los comentarios a las noticias.

Pero como hay que ser creativo hasta en esto de programar, a Ernesto se le ha ocurrido poner palabras canarias en la confirmación del captcha. Una tontería como otra cualquiera, pero puestos a pedir confirmación, mejor hacerla con "tecloso", "bochinche" o "requintar" y así de paso aprendemos palabras de nuestro léxico particular, que nunca vienen mal ;)

Probando unas vRaseCuando salieron fueron el boom del momento. A los amantes de los gadgets se nos pusieron los ojillos tiernos, pero el precio y la falta de aplicaciones hicieron que nos desinfláramos un poco y que todo quedara en algo folclórico.

Pero después de las Google Glass vinieron las Oculus Rift, las vRase e incluso las Cardboard de cartón. El mundo de los HDM (head-mounted display) ha ampliado horizontes y empieza a estar al alcance del usuario de a pie.

Por si no se lo cree, este viernes 11 de julio va a celebrarse un evento interesante en Las Palmas de Gran Canaria, se va a dar una clase magistral con los dos HDM más conocidos a día de hoy. El Hospital Perpetuo Socorro en colaboración con la ULPGC va a retransmitir en directo la primera operación quirúrgica que utiliza Google Glass combinadas con Oculus Rift.

El doctor Gerardo Garcés realizará una artroscopia de rodilla portando las Google Glass. Mientras, un sistema de streaming en directo realizado por la empresa Droiders, permitirá seguir la operación en cualquier sitio y recibir sus indicaciones.

El paciente llevará puestas unas Oculus Rift que lo aislarán del entorno mostrando imágenes y sonidos relajantes, reduciendo el estrés que provoca una intervención quirúrgica.

Supongo que la retransmisión no es apta para personas sensibles a la sangre, pero si se anima, la cita es el viernes 11 de julio, a las 10.00 horas, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Salud. El aforo es limitado a las 150 primeras personas que lleguen. Entrada libre. Los asistentes podrán probar ambas gafas.

Enlace para el seguimiento en directo de la operación.

Logo del portal Open DataCada vez son más los datos públicos que se ponen a disposición de la ciudadanía. Las leyes sobre la transparencia y el mayor uso de la tecnología hacen que podamos sacar provecho a esos datos.

Un ejemplo lo vimos ayer, día en el que nos desayunamos con la noticia de que llenar el depósito de la gasolina cuesta más caro que en enero de este año. Ahí Ernesto vio la posibilidad de generar un buscador que mostrara las gasolineras de los municipios canarios, junto con los precios actualizados de la gasolina, y lo montamos en la web de Canarias7.

El resultado es que ayer fue la página más vista del site, después de la home, que siempre es la que gana en las estadísticas. Los datos los sacamos todos los días del Geoportal de gasolineras del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, que los tiene a disposición de la ciudadanía. Los descargamos, los procesamos y los mostramos en la página web, así de simple.

Pero si esto pasa con las gasolineras, imaginen la cantidad de información que podemos encontrar y procesar en otras áreas de nuestra vida cotidiana. Da un poco de vértigo, ¿verdad? Pues no se emocionen, porque aunque el futuro se plantea cada vez más transparente, todavía son pocos los datos que están en abierto.

En España podemos verlos en la página web del Gobierno estatal que recoge los datos abiertos a disposición de la ciudadanía. Si buscamos datos relativos a Canarias vemos que hay menos todavía, pero supongo que estamos en el camino.

Algunos enlaces de interés:

- El portal Open Data Canarias. Vemos que hay solo 14 instituciones con datos abiertos y 55 conjuntos de datos.

- El portal de transparencia del Gobierno de Canarias. Me temo que todavía le queda bastante de desarrollo, por ahora es un índice de enlaces bastante poco usable.

OrkutVaya mala suerte tiene Google con las redes sociales. A pesar de ser el buscador más utilizado del mundo y de contar con uno de los mejores servicios de cloud para documentos, no consigue cuajar como comunidad online. Y eso que cada vez hay menos personas que no tienen correo de Gmail.

Hoy he recibido un correo con el aviso de que Orkut empieza a cerrar. Y digo "empieza" porque se pegarán un tiempo intentando migrar las cuentas a Google+, la otra gran esperanza blanca que tampoco termina de despegar. El cierre definitivo será el 30 de septiembre de este año.

Orkut fue el intento de red social que lanzó Google hace diez años y que tuvo éxito en Brasil e India (según la Wikipedia), pero no terminó de calar en el resto del mundo. Podemos decir que es uno de esos sondeos que lanza la compañía de vez en cuando, como Google Wave, pero que pasado un tiempo cierran por no alcanzar las expectativas deseadas.

En cualquier caso, cuando me llegó el correo de aviso de cierre, tuve que hacer bastante memoria para recordar cómo era Orkut, de lo poco que lo usaba. Ahora toca esperar a ver si Google+ corre la misma suerte, o termina de cuajar... ¿Tú qué crees?

No sé cuánto se ha gastado Facebook en hacer el experimento de los estados de ánimo en la utilización de las redes sociales, pero el resultado ya se lo podía haber dicho yo sin tanta historia y por mucho menos. Supongo que siempre hay que tener las cosas avaladas con datos contrastados y sesudas conclusiones, pero no hay más que navegar un rato a primera hora de la mañana para saber cómo me va a ir el resto del día.

Un simple comentario mal encarado en una publicación o un post peliagudo de otra persona, puede hacer que arrugue la nariz y que me quede con la ceja levantada hasta el segundo café de la mañana. No creo que esto sea nuevo, la verdad, normalmente hacemos las cosas para causar algún efecto en los demás.

Leer un libro nos provoca emociones, mirar un cuadro también y ver el telediario ya ni les cuento. Hasta los supermercados están pensados para causarnos emociones y en eso basan su estrategia de mercado. El problema con las redes sociales y con Internet en general es que sigue siendo un soporte novedoso que mucha gente no comprende, así que nos da miedo pensar que alguien está manipulando nuestras emociones al otro lado de la pantalla, cuando es algo que se hace todos los días desde diferentes soportes. Es cierto que en las redes sociales las cosas se magnifican más o eso me parece.

Siempre resulta más atractiva la vida de los demás que la de uno mismo, pero no es más que el efecto de recibir información segmentada y sin ton ni son. Supongo que es el precio que tenemos que pagar por disfrutar de un soporte en el que puedes expresar tus opiniones cuando quieras. Ante eso solo cabe racionalizar y no dejarse llevar por la primera impresión. Todos tenemos días malos y no es oro todo lo que reluce. Y como siempre, sentido común.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 5 de julio de 2014, acompañando al artículo "Ser negativo en Facebook pone a los demás usuarios de mal humor".

No tenemos mesura, el género humano es así y ya es un poco tarde para cambiar. Hemos pasado de no tener ni un solo evento tecnológico de calidad que echarnos a la boca, a hacer encaje de bolillos para cuadrar la agenda.

Lo reconozco, yo era una de las que se quejaba de que en Canarias no hacíamos nada. Y esta semana he tenido que renunciar a tres eventos interesantes porque no había manera de cuadrar el calendario.

En fin, ya sabemos que más vale que sobre a que falte, pero alguien tendrá que producir en este país, digo yo, y saltando de evento en evento la cosa se pone complicada. Así que ahora toca racionalizar, priorizar y no dejarse deslumbrar, que de eso aquí sabemos mucho y lo ponemos en práctica.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 28 de junio de 2014, acompañando al artículo "El Foro #GCTIC cierra tres años de trabajo en nuevas tecnologías".

Los que tenemos empresas en el sector tecnológico nos quejamos de vez en cuando de lo poco que se fomenta el tejido empresarial canario en este ámbito. Vivimos en una sociedad en la que lo que ha dado resultado hasta la fecha es el ladrillo y, a pesar de que tener un Canary Valley puede resultar muy sugerente, no hemos conseguido que el asunto pase de una mera nota folclórica. El caso es que tenemos los mimbres, pero no salen los cestos.

Si partimos de la base de que en Canarias consumimos tecnología y además tenemos cantera profesional suficiente para crear productos tecnológicos, cabe preguntarse por qué las empresas tecnológicas canarias no son más numerosas o no se mantienen en el tiempo. Una de las posibles respuestas puede ser la contratación de los trabajos. Teniendo en cuenta que en esta bendita tierra terminas siempre trabajando para la institución pública, todo parece apuntar a que la forma de contratar tiene bastante que ver con el resultado.

Durante muchos años hemos visto que los concursos públicos para contratación de tecnología se iban a grandes corporaciones establecidas generalmente fuera del territorio canario. Los trabajos eran de tal magnitud que las empresas del sector no podíamos competir con Oracle o Fujitsu, por nombrar algunas. Pero he aquí que alguna mente preclara descubrió que los trabajos se podían descomponer en módulos más pequeños y que dichos módulos se podían realizar por diferentes empresas, todas coordinadas por profesionales del sector.

Y mira tú por dónde, de esta forma las empresas canarias tienen más posibilidades de acceder a concursos públicos tecnológicos. Que a igualdad de condiciones luego gane otra empresa ya es harina de otro costal, pero por lo menos, ya podemos participar. Algo es algo.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 21 de junio de 2014, acompañando al artículo "Recompensa por el uso de 'open source'".

Todos tenemos cosas en nuestra vida que no queremos mostrar a los demás, nos gusta tener cierta cuota de privacidad que guardamos celosamente para nosotros mismos o para nuestros allegados. Pero con esto de Internet, corremos el riesgo de que se publique cualquier capítulo de nuestra vida privada sin haberlo previsto.

Me recuerda a los reveses de la vida, esos que hacen que te veas durmiendo debajo de un puente aunque hayas gozado de una posición cómoda. Una no sabe lo que le depara el futuro y cualquier usurpación de identidad o alguna mala decisión pueden dejarte con una mano delante y otra detrás.

Lo mismo pasa en la red. Un paso equivocado o un comentario desafortunado puede hacer que tu reputación online se vaya a hacer puñetas. Es posible incluso que el culpable no sea uno mismo, sino otra persona. Y lo que se publica en Internet se suele quedar ahí para los restos y los buscadores son los chivatos que se encargan de recordártelo.

Pero ¿cuál es realmente el problema, que el comentario poco favorecedor aparezca en un resultado de búsqueda o que salga publicado en una página web? Para mi gusto, el problema es la publicación original, el sitio web cuyo contenido queremos eliminar. Es ahí donde tenemos que reclamar para que se elimine la publicación, si está injustificada, claro. Si no sale en ninguna página, el buscador no tendrá con qué enlazar.

El caso es que nos estamos yendo a matar al mensajero, porque vemos que hay páginas web que se niegan a eliminar los contenidos. O ya me dirán cómo hacemos para que el Boletín Oficial del Estado (BOE) elimine algo de su publicación. Así que tiramos de la máxima de que si no sale en Google, es como si no existiera, y así vamos degradando el producto, consiguiendo un buscador mediatizado.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 14 de junio de 2014, acompañando al artículo "Sí al derecho al olvido en Internet, pero ¿en qué casos lo aplicamos?".

Cámara de fotos analógica con carrete

Hoy es el cumpleaños de mi costilla, así que llevo unos días a la caza del regalo perfecto. Si por mí fuese, le regalaba algún trasto digital, con pantalla deslizante, luces y cables, ya saben. Pero resulta que su pasión por la tecnología es ligeramente diferente a la mía.

Como buen ecologista, le molesta mucho la rápida obsolescencia de los gadgets, móviles, tabletas y demás cacharros con los que yo babeo. Así que, aunque le gusta estar al día de las modernidades, tiene cierto toque clásico a la hora de elegir sus dispositivos.

Para que se hagan una idea, lleva un tiempo buscando un escáner de diapositivas y negativos. A mí me parece un trasto tan obsoleto, que no le había puesto asunto, pero las indirectas llegaban ya a un punto algo preocupante. Así que me dirigí a una de estas famosas cadenas de tiendas que venden tanto tostadoras como libros electrónicos.

Fui directamente a la zona de escáners e impresoras, pero no encontré ninguno que digitalizase negativos, por lo que cambié de táctica y me encaminé a preguntar a un dependiente. Resulta que la tienda en cuestión anda estos días formando a alumnos en prácticas, así que me tocó un muchacho que debía andar por los 20 años (si llegaba).

Cuando le pregunté por un escáner de diapositivas y negativos, empezó a mudar de color. Abrió los ojos como platos, se atusó el flequillo insistentemente y diría que hasta se le agitó la respiración. Después de un rato de tensión, debió recordar las horas de formación en atención al cliente y me dijo amablemente que no le sonaba, pero que mejor preguntara a su compañero, que estaba más enterado en cuestión de escáners.

El experimentado le doblaba la edad y peinaba canas (de mi quinta, vaya) y, sin mirarme siquiera, me indicó que fuese al pasillo de fotografía donde encontraría lo que buscaba.

Así que aquí han podido pasar dos cosas: que el dependiente en prácticas no supiese si en la tienda habían escáners de negativos o que no supiese que existiesen los negativos. Vista su reacción, me inclino más por lo segundo.

Ya no solo hemos pasado a una generación que no ha conocido el teléfono fijo de rueda que había en todas las casas o el disco de vinilo (incluso el CD), tampoco saben lo que era la fotografía en papel. Quizá en un par de años tampoco sepan cómo era un libro en soporte tradicional. Es lo que tiene vivir grandes cambios en poco tiempo.

No me quejo, es el tributo que pagamos por transitar en una sociedad que genera cada vez más tecnología. Pero creo que ese día me salieron un par de canas más. Para compensar, a mi costilla le ha encantado su escáner. Menos mal.

[Imagen de Clarita en Morguefile]

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