los blogs de Canarias7

Pantallazo de WhatsappVaya disgusto que nos ha dado Whatsapp esta semana con el doble check azul. Ya no podemos escondernos de nuestros interlocutores y poner la excusa de que no hemos visto su mensaje, a menos que sea cierto. La aplicación le cantará en color azul al emisor que sí lo hemos leído. Y si no respondemos, estamos diciendo claramente que pasamos de responder. Aunque no sea así.

Se me ocurren unas cuantas circunstancias en las que puedo leer los mensajes de Whatsapp, pero no puedo responderlos. Imaginemos que estamos esperando a que llegue la guagua y que justo al ir a responder, tenemos que subir, pagar, encontrar sitio o permanecer de pie. Otra posibilidad: leemos el mensaje mientras esperamos a alguien y llega justo cuando vamos a responder.

En mi caso, reconozco que me gusta tomarme mi tiempo para responder algunos mensajes. Si me preguntan dudas o si me piden consejo para algún gadget, me gusta pensarme la respuesta. O simplemente me pillan en medio de un trabajo que, si dejo a medias, pierdo el hilo, así que lo leo y aparco la respuesta para después. Por supuesto, también están los mensajes que no quiero responder, pero esos ya son harina de otro costal.

El problema del doble check no está tanto en el hecho del chivatazo, sino en la capacidad de entender que no todo el mundo está siempre a nuestra disposición. Con el auge de los dispositivos móviles, a todos nos ha entrado una urgencia por ser escuchados y atendidos, que a veces raya la locura. Nos enfadamos cuando no nos cogen el móvil, nos molesta cuando no nos contestan un correo y ahora también nos rebotaremos cuando no nos contesten al Whatsapp sobre la marcha.

La clave está en llegar a la conclusión de que no somos tan importantes.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 8 de noviembre de 2014, acompañando al artículo Las dos palomitas azules más chivatas de la historia de Internet.

Vale, ya es oficial, tengo el FOMO (fear of missing out) por las nubes.

Acabo de hacer el test para medir cómo ando de miedo a quedarme fuera de onda y casi me salgo de la gráfica. Parece ser que me encuentro en la parte roja de la campana de Gauss, esa zona que hace pensar si no debería salir corriendo a ver a un psiquiatra de urgencias.

Pero antes de tirarme de los pelos por mi supuesto miedo a la exclusión, vamos a analizar el tema. En el test me preguntan con cuánta frecuencia consulto las redes sociales y en mi caso, dado que llevo los perfiles de varios clientes, me conecto bastante a menudo.También es verdad que, aprovechando que monitorizo las cuentas de los clientes, le doy también una vuelta a las mías personales.

Nunca se sabe lo que se puede estar cociendo en Twitter. Por no hablar de los eventos de Facebook o las fotos de Instagram de la charla aquella a la que no pude ir. Y ¿qué me dicen de la interesante conversación que están manteniendo aquellos amigos y que no me puedo perder?

¡Vaya!, va a ser verdad que mi nivel de FOMO está por las nubes. Algo tendré que hacer para arreglarlo. Quizá comentarlo en mi perfil de Facebook o tuitearlo por si alguien comenta algo. Tal vez una foto de la gráfica en Instagram...

No tengo remedio.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 1 de noviembre de 2014, acompañando al artículo Cuidado con el FOMO (o el miedo a perderse algo en las redes sociales).

Robot en la Campus Party de LondresYa va quedando menos para dejar de decir eso de que lo que nos diferencia de las máquinas es nuestra capacidad de raciocinio. Cerebros artificiales como Watson se van perfeccionando de tal forma que lo de pensar va a dejar de ser una acción exclusiva del ser humano. Entonces, ¿qué nos diferenciará realmente de un conjunto de chips y cables?

Cada uno tendrá su propia teoría, pero a mí me gusta pensar que son los sentimientos los que marcarán la diferencia, la capacidad que tenemos para ponernos en la piel de los demás y la compasión. No es que a los humanos nos vaya siempre bien teniendo este componente tan exclusivo y hay que reconocer que pululan bastantes elementos por este planeta carentes de ellos, que podían ser sustituidos por Watson perfectamente y a lo mejor teníamos mejores resultados.

Para no hablar tan en abstracto, pienso en la sentencia de algún que otro juez. Esa sentencia que leemos los comunes de los mortales en las noticias y nos echamos manos a la cabeza. Si Watson fuese el encargado de dirimir esa sentencia, se atendría a las leyes y a los precedentes, dando como resultado algo más justo. Ahí nos viene bien tener una máquina.

Pero ahora nos vamos al caso contrario, a esa sentencia emitida en base al peso de la ley, que mete a una madre en la cárcel por robar comida para sus hijos. Ahí Watson no tendría más remedio que aplicar la ley, pero un juez podría aplicar atenuantes con toda la carga de su humanidad. Y nos parecería bien.

Si pensamos en otros campos como la medicina, los recursos humanos o cualquier puesto que requiera la toma de decisiones, los ejemplos yuxtapuestos se repiten. Así que tenemos siempre una de cal y otra de arena, por lo que parece que los humanos todavía seguimos haciendo falta.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 25 de octubre de 2014, acompañando al artículo Como diría Sherlock Holmes, «¡elemental, querido Watson!».

En la programación para Internet andamos bastante escasos de estándares, así que homogeneizar puede parecer una buena idea. Tengo una teoría: las cosas que son realmente útiles o buenas se utilizan por generación espontánea, no tienes que dejarte la piel y los dineros en convencer a todo el mundo de que funciona. Con que una persona lo pruebe, el boca a boca y las redes sociales hacen lo demás. También es verdad que hay veces que esta teoría no se cumple y muchos buenos inventos se quedan en el baúl de los recuerdos sin llegar a ver el sol.

Pero con el proyecto Fi-Ware no tengo la sensación de que sea esto último, qué le vamos a hacer. Vaya por delante que no he trabajado todavía con esta tecnología y solo me he acercado a la superficie, así que puedo estar equivocada. Ojalá sea así, porque pensar en 80 millones de euros que pagamos todos tirados al sumidero, me causa algún que otro vahído.

Es cierto que en el mundo de la programación para Internet andamos bastante escasos de estándares. Cada aplicación es de su padre y de su madre, los navegadores van a su aire y los dispositivos funcionan según la marca. Así que puede parecer una buena idea buscar algo que estandarice este caos tecnológico que vivimos los desarrolladores. Lo que no termino de entender es que tengamos 500 y para homogeneizar creemos el 501. Eso no es estandarizar, sino añadir ruido.

Pero claro, si el ruido se añade poniendo 80 millones de euros encima de la mesa, parece que no molesta tanto. Lo que habrá que hacer es correr para coger una parte del pastel. La duda es lo que pasará cuando el pastel se acabe. ¿Todo lo creado permanecerá? ¿Se seguirá trabajando con Fi-Ware o habrá sido algo temporal para cubrir el expediente? Como les digo, no las tengo todas conmigo en este tema, pero sinceramente espero estar equivocada.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 18 de octubre de 2014, acompañando al artículo Europa destina 80 millones para la plataforma FI-WARE.

Las caminatas de Google

Hoy Google me ha sorprendido con un enlace al pie del resultado de búsqueda con el que me invitaba a conocer las Pirámides de Guiza. Me ha picado la curiosidad y he entrado a ver de qué se trataba.

A través de un parallax, Google presenta toda una historia para conocer la necrópolis egipcia. Utiliza los mapas para geolocalizar, habla de los materiales que se utilizaron para construirlas, los métodos y muestra unas espectaculares fotos para ilustrar el paseo. Sin duda, una estupenda forma de visitarlas, a falta de un viaje en persona, que es lo que mejor sienta.

Navegando por la página web, veo que no es un caso aislado, sino que Google tiene un apartado que se llama Las caminatas de Street View, en el que recoge determinadas rutas y las complementa con más información.

De esta forma podemos ver Venecia, el Taj Majal o darnos un paseo por las Islas Galápagos. Todo en formato parallax y aderezado con más información de contexto. Sin duda, una forma espectacular de conocer lugares del mundo por parte del usuario, y de sacarle mayor rendimiento a sus contenidos por parte de Google.

Así que, después de llevarme una grata sorpresa, solo me queda compartirla con ustedes. Que la disfruten ;)

En esto de la innovación, las personas juegan un papel fundamental. Siempre escuchamos eso de que los robots van a dominar el mundo, pero yo sigo pensando que es la humanidad la que destrozará lo que nos queda de planeta. Ya hemos visto que lo podemos hacer solitos, sin ayuda de ningún cacharro.

Por eso le tengo especial simpatía a los impulsores de la (buena) innovación. Son personas que utilizan todo su potencial para mejorar las cosas. Los podemos encontrar en las reuniones de frikis, en las conferencias con títulos raros y en los eventos de tinte tecnológico. No paran quietos, siempre están creando y buscando oportunidades para crear, aprovechar sinergias y, en resumen, intentar que todos nos beneficiemos de sus inventos y de su buen hacer. Suelen ser generosos y desprendidos, así que no buscan fama sino alimentar su insaciable curiosidad por conocer lo nuevo y de esta forma mejorar su entorno.

Parece que estoy hablando de un imposible, pero les aseguro que tenemos gente así alrededor. Así que háganme caso y búsquenlos, péguense a su sombra e intenten contagiarse de la energía y de sus ganas de hacer cosas interesantes. En resumen, innove.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 27 de septiembre de 2014, acompañando al artículo La facturación en la nube es posible con Quaderno.

Repetir hasta la saciedad lo injusto que resulta para los residentes en Canarias comprar por Internet, no va a hacer que las cosas cambien, pero por lo menos se desahoga una, que ya es algo.

Soy de gustos algo excéntricos, que es el término que he decidido adoptar para no decir la palabra 'friki' todo el rato. El caso es que veo muchas cosas apetecibles por la red. Si a dicha excentricidad le sumamos mi pasión por los gadgets, la devoción hacia los superhéroes y las películas de ciencia ficción, doy el perfil perfecto para utilizar el comercio electrónico a saco. Y lo hago.

Hasta que me llega un pedido y me enfrento con la arbitrariedad de los gastos de envío. Cada vez que me veo delante del mensajero, con cara de pasmo y pensando que cómo es posible que me salga más caro el transporte que el producto que me he comprado,me repito que nunca más voy a comprar por Internet.

Que le voy a decir adiós a las camisetas de Batman y a los calentadores de tazas de café por USB. Que no necesito ese póster de Darth Vader que quedaría tan bien en mi despacho. Y que, desde luego, puedo vivir sin la reproducción de Sheldon Cooper que tiene la enorme cabeza enganchada con un muelle.

Sí, puedo hacerlo. Soy una mujer fuerte. Hasta que me meto de nuevo en Internet y aparece la última frikada en mi pantalla. Ahí olvido DUAs y gastos de envío, autoengañándome de nuevo y pensando que no va a ser para tanto.

Pero esta vez creo que sí me voy a lanzar a la aventura. Después de escuchar a José Ramón hablando de iCanduty y de darle unas cuantas vueltas a su página web buscándole peros al servicio, me da en la nariz que mi próxima compra por Internet no va a venir con sorpresas de gastos de envío. Ya está bien de sentirme ciudadana de segunda por vivir en las Islas, por lo menos en este tema.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 20 de septiembre de 2014, acompañando al artículo Compra por Internet que iCanduty se encarga de los impuestos extra.

Hackeo de GmailYa, ya lo sé. Cambiar las contraseñas es una lata. Te olvidas, te falta imaginación, tienes muchas cuentas y nunca encuentras el momento.

Pero hoy es el día, sufrido lector de Atarecos. Desde estas líneas te conmino a que cambies la clave de tu cuenta de Gmail. Parece ser que han sido hackeadas cerca de cinco millones de cuentas de Inglaterra, Rusia y España.

Puedes comprobar si tu cuenta es una de las hackeadas en Isleaked.com, pero te aviso que va un poco lento... debe haber bastante gente consultando.

Mejor te curas de espanto y cambias la contraseña, que nunca viene mal. Y como nos conocemos, seguro que tu clave para Gmail es la misma que tienes para Facebook, para Twitter y para (miedo me da pensarlo) el banco.

Así que tómate un tiempo para cambiar tus claves, que el que avisa no es mal amigo ni traidor ;)

Twitter de Canarias7

Estoy de vacaciones. Suena mi móvil. Un amigo me manda un Whatsapp. En él me dice que hay un error en la portada de la edición digital de Canarias7 y que a cuenta de eso, los lectores están dando caña en Twitter.

Me pilla lejos de un ordenador, así que con el móvil entro en Canarias7.es y veo que la noticia que abre la portada tiene un acento una tilde mal colocada. Es un fallo, evidentemente, pero no es uno de los más garrafales que han podido pasar en la edición digital de un periódico.

Entro al panel de control a través del móvil y hago la corrección del acento discordante. Miro los comentarios de la noticia por si algún amable lector nos ha avisado, pero no veo nada, así que la errata parece que ha pasado desapercibida en la edición digital. Por ese lado, me quedo más tranquila.

Voy a Twitter y busco las menciones de @canarias7, a ver quién está dando caña y de qué forma. Como mención no me aparece nada, así que busco Canarias7 y tampoco. Empiezo a arquear la ceja... o mi amigo estaba equivocado o el que estaba dando caña no quiso que nos enterásemos.

Busco de nuevo en Twitter, pero esta vez con el 7 separado de Canarias. Y ¡voilà! Allí está el comentario. Un usuario cuyo perfil dice que es periodista incluye un tuit bastante desagradable en el que relaciona la crisis de los medios de comunicación con el baile de acentos en la noticia de Canarias7.

Inflo la nariz, noto que me sube la adrenalina y que mis vacaciones están a punto de hacer aguas. Respiro hondo y me pregunto si el tuitero en cuestión no ha cometido nunca un fallo. O si no tenía otra forma de llamar la atención sobre el error, educadamente y sin confundir churras con merinas.

En ese momento levanto la vista del móvil, miro al grupo de gente que me estaba esperando, el día estupendo que hace y ese horizonte con mar que consigue calmar cualquier estado de ánimo. Así que respondo al usuario en Twitter dándole las gracias por avisar del error e informando de que ya está corregido. Con esta decisión empiezo a sentirme mejor y a retomar la sensación de vacaciones.

Al cabo de un rato, reviso Twitter esperando encontrar algún tuit de respuesta con un tono más amable (siempre he pensado que la amabilidad genera más amabilidad) y me encuentro con que el usuario ha respondido algo así como "perfecto, pero que no se vuelva a repetir por el bien de la profesión periodística".

Ahí es cuando tengo que recurrir a los años de experiencia tratando clientes, a la paciencia de la que siempre hago gala, a un par de respiraciones y a mirar de nuevo al horizonte con mar. Concluyo que no merece la pena contestar y sigo con mis vacaciones.

Moraleja 1: En las redes sociales nunca hay vacaciones.

Moraleja 2: No te lleves el trabajo a casa ni te tomes lo que dicen en las redes como algo personal.

Moraleja 3: Algunos usuarios de Internet no saben de qué va la (buena) comunicación.

Reloj SeikoRecuerdo cuando mis padres me regalaron mi primer reloj de verdad, no de los de pega con el ratoncito Mickey ejerciendo de manecillas con sus manos enguantadas, sino uno de persona mayor. Un Seiko plateado que se fabricaba en aquella época para muñecas pequeñas y que a mí me hizo adoptar la ilusión de que ya se me tenía en cuenta. Al fin y al cabo, si me preguntaban la hora, ya podía dar una respuesta con fundamento.

Pues bien, una de las cosas que más me gustaba de mi nuevo reloj era su resistencia al agua. En aquel entonces eso era la caraba y no recuerdo que ningún niño de mi entorno tuviese algo igual. Lo cierto es que nunca he sido muy amante de la playa y mi obsesión por cuidar los gadgets hace que jamás haya metido un reloj en la ducha. Así que lo del waterproof solo me servía para fardar y nunca descubrí si mi Seiko funcionaba debajo del agua.

Y dado que con la edad lo único que hacemos es incrementar nuestras manías, sospecho que tampoco voy a descubrir si mi móvil es realmente resistente al agua. Solo de pensarlo me entran escalofríos. Además, puestos a pensar, tampoco soy nada del otro mundo sacando fotografías. Los selfies y yo no nos llevamos muy bien, así que si me planteo hacerme uno debajo del agua, el resultado puede ser esperpéntico.

Así que seguiré viendo fotos bajo el agua a tutiplén, igual que el verano pasado me harté de ver fotos de pies. Pero es lo que tiene, los humanos no tenemos mesura y nos
lanzamos a la abundancia, no sea que el mundo se nos acabe mañana. Mientras, en mis escasas incursiones a la playa, seguiré forrando mi móvil de arriba a abajo para que no se le cuele ni un gramo de arena ni una gota de agua, no sea que por ser la más friki de la marea, la vayamos a liar.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 2 de agosto de 2014, acompañando al artículo Sombrilla, loción bronceadora, toalla y gadgets waterproof.

Archivos mensuales