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Las caminatas de Google

Hoy Google me ha sorprendido con un enlace al pie del resultado de búsqueda con el que me invitaba a conocer las Pirámides de Guiza. Me ha picado la curiosidad y he entrado a ver de qué se trataba.

A través de un parallax, Google presenta toda una historia para conocer la necrópolis egipcia. Utiliza los mapas para geolocalizar, habla de los materiales que se utilizaron para construirlas, los métodos y muestra unas espectaculares fotos para ilustrar el paseo. Sin duda, una estupenda forma de visitarlas, a falta de un viaje en persona, que es lo que mejor sienta.

Navegando por la página web, veo que no es un caso aislado, sino que Google tiene un apartado que se llama Las caminatas de Street View, en el que recoge determinadas rutas y las complementa con más información.

De esta forma podemos ver Venecia, el Taj Majal o darnos un paseo por las Islas Galápagos. Todo en formato parallax y aderezado con más información de contexto. Sin duda, una forma espectacular de conocer lugares del mundo por parte del usuario, y de sacarle mayor rendimiento a sus contenidos por parte de Google.

Así que, después de llevarme una grata sorpresa, solo me queda compartirla con ustedes. Que la disfruten ;)

En esto de la innovación, las personas juegan un papel fundamental. Siempre escuchamos eso de que los robots van a dominar el mundo, pero yo sigo pensando que es la humanidad la que destrozará lo que nos queda de planeta. Ya hemos visto que lo podemos hacer solitos, sin ayuda de ningún cacharro.

Por eso le tengo especial simpatía a los impulsores de la (buena) innovación. Son personas que utilizan todo su potencial para mejorar las cosas. Los podemos encontrar en las reuniones de frikis, en las conferencias con títulos raros y en los eventos de tinte tecnológico. No paran quietos, siempre están creando y buscando oportunidades para crear, aprovechar sinergias y, en resumen, intentar que todos nos beneficiemos de sus inventos y de su buen hacer. Suelen ser generosos y desprendidos, así que no buscan fama sino alimentar su insaciable curiosidad por conocer lo nuevo y de esta forma mejorar su entorno.

Parece que estoy hablando de un imposible, pero les aseguro que tenemos gente así alrededor. Así que háganme caso y búsquenlos, péguense a su sombra e intenten contagiarse de la energía y de sus ganas de hacer cosas interesantes. En resumen, innove.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 27 de septiembre de 2014, acompañando al artículo La facturación en la nube es posible con Quaderno.

Repetir hasta la saciedad lo injusto que resulta para los residentes en Canarias comprar por Internet, no va a hacer que las cosas cambien, pero por lo menos se desahoga una, que ya es algo.

Soy de gustos algo excéntricos, que es el término que he decidido adoptar para no decir la palabra 'friki' todo el rato. El caso es que veo muchas cosas apetecibles por la red. Si a dicha excentricidad le sumamos mi pasión por los gadgets, la devoción hacia los superhéroes y las películas de ciencia ficción, doy el perfil perfecto para utilizar el comercio electrónico a saco. Y lo hago.

Hasta que me llega un pedido y me enfrento con la arbitrariedad de los gastos de envío. Cada vez que me veo delante del mensajero, con cara de pasmo y pensando que cómo es posible que me salga más caro el transporte que el producto que me he comprado,me repito que nunca más voy a comprar por Internet.

Que le voy a decir adiós a las camisetas de Batman y a los calentadores de tazas de café por USB. Que no necesito ese póster de Darth Vader que quedaría tan bien en mi despacho. Y que, desde luego, puedo vivir sin la reproducción de Sheldon Cooper que tiene la enorme cabeza enganchada con un muelle.

Sí, puedo hacerlo. Soy una mujer fuerte. Hasta que me meto de nuevo en Internet y aparece la última frikada en mi pantalla. Ahí olvido DUAs y gastos de envío, autoengañándome de nuevo y pensando que no va a ser para tanto.

Pero esta vez creo que sí me voy a lanzar a la aventura. Después de escuchar a José Ramón hablando de iCanduty y de darle unas cuantas vueltas a su página web buscándole peros al servicio, me da en la nariz que mi próxima compra por Internet no va a venir con sorpresas de gastos de envío. Ya está bien de sentirme ciudadana de segunda por vivir en las Islas, por lo menos en este tema.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" de la edición impresa de Canarias7 el 20 de septiembre de 2014, acompañando al artículo Compra por Internet que iCanduty se encarga de los impuestos extra.

Hackeo de GmailYa, ya lo sé. Cambiar las contraseñas es una lata. Te olvidas, te falta imaginación, tienes muchas cuentas y nunca encuentras el momento.

Pero hoy es el día, sufrido lector de Atarecos. Desde estas líneas te conmino a que cambies la clave de tu cuenta de Gmail. Parece ser que han sido hackeadas cerca de cinco millones de cuentas de Inglaterra, Rusia y España.

Puedes comprobar si tu cuenta es una de las hackeadas en Isleaked.com, pero te aviso que va un poco lento... debe haber bastante gente consultando.

Mejor te curas de espanto y cambias la contraseña, que nunca viene mal. Y como nos conocemos, seguro que tu clave para Gmail es la misma que tienes para Facebook, para Twitter y para (miedo me da pensarlo) el banco.

Así que tómate un tiempo para cambiar tus claves, que el que avisa no es mal amigo ni traidor ;)

Twitter de Canarias7

Estoy de vacaciones. Suena mi móvil. Un amigo me manda un Whatsapp. En él me dice que hay un error en la portada de la edición digital de Canarias7 y que a cuenta de eso, los lectores están dando caña en Twitter.

Me pilla lejos de un ordenador, así que con el móvil entro en Canarias7.es y veo que la noticia que abre la portada tiene un acento una tilde mal colocada. Es un fallo, evidentemente, pero no es uno de los más garrafales que han podido pasar en la edición digital de un periódico.

Entro al panel de control a través del móvil y hago la corrección del acento discordante. Miro los comentarios de la noticia por si algún amable lector nos ha avisado, pero no veo nada, así que la errata parece que ha pasado desapercibida en la edición digital. Por ese lado, me quedo más tranquila.

Voy a Twitter y busco las menciones de @canarias7, a ver quién está dando caña y de qué forma. Como mención no me aparece nada, así que busco Canarias7 y tampoco. Empiezo a arquear la ceja... o mi amigo estaba equivocado o el que estaba dando caña no quiso que nos enterásemos.

Busco de nuevo en Twitter, pero esta vez con el 7 separado de Canarias. Y ¡voilà! Allí está el comentario. Un usuario cuyo perfil dice que es periodista incluye un tuit bastante desagradable en el que relaciona la crisis de los medios de comunicación con el baile de acentos en la noticia de Canarias7.

Inflo la nariz, noto que me sube la adrenalina y que mis vacaciones están a punto de hacer aguas. Respiro hondo y me pregunto si el tuitero en cuestión no ha cometido nunca un fallo. O si no tenía otra forma de llamar la atención sobre el error, educadamente y sin confundir churras con merinas.

En ese momento levanto la vista del móvil, miro al grupo de gente que me estaba esperando, el día estupendo que hace y ese horizonte con mar que consigue calmar cualquier estado de ánimo. Así que respondo al usuario en Twitter dándole las gracias por avisar del error e informando de que ya está corregido. Con esta decisión empiezo a sentirme mejor y a retomar la sensación de vacaciones.

Al cabo de un rato, reviso Twitter esperando encontrar algún tuit de respuesta con un tono más amable (siempre he pensado que la amabilidad genera más amabilidad) y me encuentro con que el usuario ha respondido algo así como "perfecto, pero que no se vuelva a repetir por el bien de la profesión periodística".

Ahí es cuando tengo que recurrir a los años de experiencia tratando clientes, a la paciencia de la que siempre hago gala, a un par de respiraciones y a mirar de nuevo al horizonte con mar. Concluyo que no merece la pena contestar y sigo con mis vacaciones.

Moraleja 1: En las redes sociales nunca hay vacaciones.

Moraleja 2: No te lleves el trabajo a casa ni te tomes lo que dicen en las redes como algo personal.

Moraleja 3: Algunos usuarios de Internet no saben de qué va la (buena) comunicación.

Reloj SeikoRecuerdo cuando mis padres me regalaron mi primer reloj de verdad, no de los de pega con el ratoncito Mickey ejerciendo de manecillas con sus manos enguantadas, sino uno de persona mayor. Un Seiko plateado que se fabricaba en aquella época para muñecas pequeñas y que a mí me hizo adoptar la ilusión de que ya se me tenía en cuenta. Al fin y al cabo, si me preguntaban la hora, ya podía dar una respuesta con fundamento.

Pues bien, una de las cosas que más me gustaba de mi nuevo reloj era su resistencia al agua. En aquel entonces eso era la caraba y no recuerdo que ningún niño de mi entorno tuviese algo igual. Lo cierto es que nunca he sido muy amante de la playa y mi obsesión por cuidar los gadgets hace que jamás haya metido un reloj en la ducha. Así que lo del waterproof solo me servía para fardar y nunca descubrí si mi Seiko funcionaba debajo del agua.

Y dado que con la edad lo único que hacemos es incrementar nuestras manías, sospecho que tampoco voy a descubrir si mi móvil es realmente resistente al agua. Solo de pensarlo me entran escalofríos. Además, puestos a pensar, tampoco soy nada del otro mundo sacando fotografías. Los selfies y yo no nos llevamos muy bien, así que si me planteo hacerme uno debajo del agua, el resultado puede ser esperpéntico.

Así que seguiré viendo fotos bajo el agua a tutiplén, igual que el verano pasado me harté de ver fotos de pies. Pero es lo que tiene, los humanos no tenemos mesura y nos
lanzamos a la abundancia, no sea que el mundo se nos acabe mañana. Mientras, en mis escasas incursiones a la playa, seguiré forrando mi móvil de arriba a abajo para que no se le cuele ni un gramo de arena ni una gota de agua, no sea que por ser la más friki de la marea, la vayamos a liar.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 2 de agosto de 2014, acompañando al artículo Sombrilla, loción bronceadora, toalla y gadgets waterproof.

Conferencia de Didac Lee
Conferencia de Didac Lee (a la izquierda) en Incube, con Raúl del Pozo.
Foto: Arcadio Suárez / Canarias7

Por mucho que se empeñen nuestros políticos, no todo el mundo sirve para emprender. De la misma forma que no todos podemos ser astronautas, hay a quien su ambición empresarial le llega hasta el contrato indefinido. Y no es malo, para nada, en este mundo tiene que haber de todo y esas supuestas dotes extraterrenales que se le atribuyen a un emprendedor, son casi de ciencia ficción.

Así pasa lo que pasa, que los emprendedores piensan que van a ser como Bill Gates o Steve Jobs y se encuentran con una casa embargada o viviendo con sus padres a los 50, sin perspectiva de mejora y enfadados con el mundo en general. Pero no vamos a echarle la culpa de todo al gobierno, que eso es muy español también, vamos a hacer algo de autocrítica y pensar en lo que Didac Lee nombró en su charla como 'las trampas mentales del emprendedor', es decir, el autoengaño.

Nombraba en su conferencia que una de esas trampas es pensar que los socios solo se mueven por dinero. Y es cierto que muchos emprendedores trabajan por la pasión que sienten hacia un proyecto y si va bien cobran algo. Claro que para eso debes tener a alguien que te mantenga.

Pienso en más autoengaños en los que a veces caemos los emprendedores y se me vienen unos cuantos a la cabeza, como el de pensar que tu idea es la mejor del mundo y que no tiene fallos. Otro es el de creer que te bastas y te sobras para poner en marcha tu idea y que no necesitas a nadie. Uno más, que también nombró Lee, es el de creer que tu idea se vende sola.

Pero el autoengaño más grande, desde mi punto de vista, es el de pensar que eso de emprender es súper sencillo, que cualquiera puede hacerlo y que además, es la solución a todos tus problemas. Con esa mentalidad, seguiremos viendo empresas y estados de ánimo caer sin tino.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 26 de julio de 2014, acompañando al artículo Didac Lee: "No vivimos en época de cambios, sino un cambio de época".

Pantallazo de la página web de Ingress

Creo que ya he comentado otras veces que no soy muy jugona. No me llama la atención lo de plantarme delante de una pantalla, la que sea, durante horas para conseguir un objetivo virtual. Supongo que tiene que ver la cantidad de tiempo al día que invierto ya en estar delante de una pantalla o que los videojuegos no captan al público femenino en general, no lo sé, pero más allá del Tetris, no he conseguido engancharme a nada más.

Por el contrario sí que me gustan los juegos de rol y, aunque hace mucho que no participo en ninguno, recuerdo con cariño bastantes tardes simulando estar en un universo paralelo. Imagino que eso es lo que me llama la atención de Ingress, que aunque hay una pantalla de por medio, requiere de cierta interacción humana para llevarlo a buen término.

Así y todo he conseguido mantenerme al margen y no entrar, que yo ya me conozco y lo de dormir pasa a segundo plano. Y eso que tengo a mi amigo Ernesto enganchado todo el santo día, hasta el punto de pedirme que reduzca la velocidad a menos de 60 cuando vamos en el coche, para recoger no sé qué cacharro del portal de turno, mientras mira su tableta con ansiedad casi enfermiza.

Además, sé que los jugadores de Ingress se lo toman muy en serio, tanto que es difícil reunir en la misma habitación a miembros de diferentes facciones, a cuenta de los piques que tienen. Ya les digo que fue básicamente imposible reunirlos para una entrevista.

Eso me preocupa un poco, aunque sé que no es algo que se restrinja a este juego. Por norma general, los seres humanos nos volvemos un poco fundamentalistas con las cosas que nos gustan, aunque no sean reales y estén concebidas para disfrutar. Quizá hay que profundizar más en la materia exótica que nos propone Ingress para entender el quid de la cuestión.

Nota: Esta columna de opinión salió publicada en la sección "Enredad@s" en Canarias7 el 19 de julio de 2014, acompañando al artículo "Los perros de Santa Ana guardan el portal de la 'Materia Exótica'".

Captcha a lo canario

¡Qué pesados son los puñeteros robots que mandan comentarios sin tino a las páginas web con publicidad o por molestar! Hoy en día no nos libramos del maldito spam y cada vez que ponemos algún filtro para minimizarlo, le dan la vuelta y encuentran otra forma de entrar.

Como ustedes comprenderán, en Canarias7.es nos entran comentarios de spam día sí y día también y, además de los filtros tradicionales, hoy hemos incluido un captcha en los comentarios a las noticias.

Pero como hay que ser creativo hasta en esto de programar, a Ernesto se le ha ocurrido poner palabras canarias en la confirmación del captcha. Una tontería como otra cualquiera, pero puestos a pedir confirmación, mejor hacerla con "tecloso", "bochinche" o "requintar" y así de paso aprendemos palabras de nuestro léxico particular, que nunca vienen mal ;)

Probando unas vRaseCuando salieron fueron el boom del momento. A los amantes de los gadgets se nos pusieron los ojillos tiernos, pero el precio y la falta de aplicaciones hicieron que nos desinfláramos un poco y que todo quedara en algo folclórico.

Pero después de las Google Glass vinieron las Oculus Rift, las vRase e incluso las Cardboard de cartón. El mundo de los HDM (head-mounted display) ha ampliado horizontes y empieza a estar al alcance del usuario de a pie.

Por si no se lo cree, este viernes 11 de julio va a celebrarse un evento interesante en Las Palmas de Gran Canaria, se va a dar una clase magistral con los dos HDM más conocidos a día de hoy. El Hospital Perpetuo Socorro en colaboración con la ULPGC va a retransmitir en directo la primera operación quirúrgica que utiliza Google Glass combinadas con Oculus Rift.

El doctor Gerardo Garcés realizará una artroscopia de rodilla portando las Google Glass. Mientras, un sistema de streaming en directo realizado por la empresa Droiders, permitirá seguir la operación en cualquier sitio y recibir sus indicaciones.

El paciente llevará puestas unas Oculus Rift que lo aislarán del entorno mostrando imágenes y sonidos relajantes, reduciendo el estrés que provoca una intervención quirúrgica.

Supongo que la retransmisión no es apta para personas sensibles a la sangre, pero si se anima, la cita es el viernes 11 de julio, a las 10.00 horas, en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Salud. El aforo es limitado a las 150 primeras personas que lleguen. Entrada libre. Los asistentes podrán probar ambas gafas.

Enlace para el seguimiento en directo de la operación.

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