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Esther R. Medina
Santa Cruz de La Palma
Desde un punto de vista aséptico, se puede considerar la agricultura como una agresión al medio natural; sin embargo, hay que entenderla en base a la búsqueda de la subsistencia», defiende Jaime Gil, ingeniero técnico agrícola que participó en un seminario sobre el paisaje que se está desarrollando en La Palma, organizado por la Reserva Mundial de la Biosfera.
Gil trabaja desde hace años en la recuperación de los cultivos tradicionales del Archipiélago. «La idea no es solamente evitar la pérdida de las semillas presentes en los campos de las islas, sino impedir también la desaparición de la cultura asociada a esos cultivos, que encierra todo lo que concierne a los sistemas agrícolas», dice. Aclara que «no soy un experto en paisaje, sino en cultivos tradicionales y en el medio que los sostiene». «Mi labor la he desarrollado mirando al suelo, a las plantas, recolectando semillas y hablando con los agricultores, que son los verdaderos artífices del paisaje agrícola».
En La Palma, Gil se ha encontrado con «un medio humanizado hasta cotas insospechadas. El hombre ha intervenido para establecer la actividad agrícola prácticamente desde la costa hasta la cumbre». Pero aclara que «todas estas intervenciones se han realizado para adecuar el medio a la agricultura y el objetivo final de las mismas es la subsistencia de la comunidad». El paisaje de la Isla «no se puede considerar un paisaje natural intacto, sino el resultado de la intervención del hombre en el medio». Gil asegura que «alrededor de la actividad agrícola se ha generado una cultura de las más impresionantes del Archipiélago». «No se puede decir que sea más o menos rica que otras, pero sí es muy valiosa y compleja».
Población. Este ingeniero aboga por «facilitar la permanencia de la población que conserva el vínculo con el ámbito rural, porque es la depositaria de una cultura transmitida generacionalmente». Lo contrario conduce a «una degradación física y cultural». Insiste en que «la desvinculación cultural va a dar lugar a una población establecida en el campo, pero sin criterios campesinos».
Gil plantea modificar «las políticas estrictamente conservacionistas» y sugiere que «quizá una parte de las grandes inversiones para la reforestación serían más eficaces si se destinara al mantenimiento de estos corredores agrícolas».
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