Si hay un síntoma que se le ha pasado por alto a ecologistas y sacerdotes algoristas u algorianos en su diagnóstico sobre el calentamiento global es, sin lugar a dudas, el del cada vez más elevado índice de calentones en el planeta. Cuestión nada baladí, si tenemos en cuenta que el enfado conlleva aumento de la temperatura corporal, exceso de acidez y hasta expulsión incontrolada de gases.
El cambio climático afecta, pues, también al ecosistema neuronal del individuo sapiens, provocando un progresivo y alarmante agujero en la capa de ozono de su sensatez. Y calenturas las hay en diverso grado y consideración, si bien su distribución resulta del todo democrática al no hacer distingos en condiciones sociales, razas, sexos, religiones ni ideologías.
Ahí tienen, sin ir más lejos, a
Juan Carlos I mandando callar a Chávez en su andanada contra Aznar. Calentura, eso sí, macerada en meses y meses de
Anasagastis díscolos,
revistas irreverentes,
quemas de fotografías y
visitas cuestionadas. A Chávez le tocó pagar los platos rotos de la monarquía, y si hay algo que a Chávez le pone enfermo es, precisamente, el concepto de 'pagar'.
También se calentó lo suyo
Isabel San Sebastián, dama de hierro con corazón de princesita de la rama mediática del PP, que no pudo con las descalificaciones del deslenguado Calleja; caliente, a su vez, porque aquélla le señalara su vehemencia en la defensa de ZP.
Calentura tragicómica la de
Grisaleña y compañía. Tenía al primero por un hombre mediano también en el temperamento, y va y se nos revela como niña de 'El exorcista' con flequillo y más bigote,
rotando el cuello hasta lo escatológico en un intento desesperado por mandar allí donde es imposible, ¿Do la apuesta por el diálogo y el entendimiento? ¿Do la unión empresarial? Ha bastado un quítame allá esos intereses en el Puerto y una llamada a filas de los líderes de la política regional para que el buque de la comunión patronal se haya tornado pecio.
¿Y los maestros, en pie de guerra por esa, puede que lícita pero extremadamente torpe, irritada e irritante,
carta gubernamental contra la huelga?
Calenturas y calentones por doquier, como si el deshielo del Ártico y el gas invernadero se estuviera vertiendo todo en según qué cabezas. La bilis como pose existencial o respuesta es no sólo vulgar, nocivo y antiestético sino, como hemos comentado, muy poco sostenible en el sentido más ecologista de la palabra.
'Haz el amor y no la guerra', rezaba un lema allá por mi niñez. Y, aunque amor y calentura son igualmente inseparables, entre el calentón sexual y el iracundo, qué quieren que les diga, no hay color. No sólo relaja sobremanera, sino que contribuye en buena medida a la preservación de nuestra especie sobre el planeta.
Comentarios de los lectores
1.
Gracias por sacar la sonrisa cada lunes! haces que el día sea coser y cantar. Hay demasiados calentones neuronales en algunos/as, por eso me quedo con lo sano de todo esto.
"'Haz el amor y no la guerra', rezaba un lema allá por mi niñez. Y, aunque amor y calentura son igualmente inseparables, entre el calentón sexual y el iracundo, qué quieren que les diga, no hay color. No sólo relaja sobremanera, sino que contribuye en buena medida a la preservación de nuestra especie sobre el planeta."
Desde luego que es mucho más sano ;) y relaja una jartá..
memori@ 12.11.2007 08:34