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Antonio Fernández de la Gándara
Las Palmas de Gran Canaria
El magistrado Salvador Alba Mesa, de la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Las Palmas, recuerda en la sentencia que en el derecho penal español rige el principio de intervención mínima ?es decir, que sólo en última instancia, agotadas otras vías, hay que acudir a los tribunales penales? y apunta que «expresiones tales como hijo de puta o maricón están tan integradas en el vocabulario que a veces ni siquiera se consideran insultos, no llegando a constituir su empleo una vejación injusta, sino más bien una evidencia de una mala conducta o un comportamiento maleducado».
Alba Mesa firmó el fallo en el pasado mes de marzo, pero ha sido ahora cuando la conocida editorial jurídica Arazandi la ha incorporado a sus boletines de jurisprudencia, valorando el jugoso razonamiento. El propio magistrado confirmó a este periódico que no había encontrado sentencias del Supremo ni doctrina de otras audiencias provinciales y se había guiado por su propio criterio, como permite y faculta el ordenamiento jurídico.
La historia es como sigue: el Juzgado de Instrucción número 2 de Telde dictó el 15 de diciembre de 2004 sentencia resolviendo un juicio de faltas entablado entre vecinos de aquel municipio y condenado a uno de ellos como autor de una falta contra las personas, pero le absolvió de la falta de vejaciones que también le imputaba su contrario al alegar que le había llamado «hijo de puta» y «maricón». El juez de instancia tampoco vio en estos insultos la consumación de una falta de vejaciones.
El ofendido no consideró ajustada a derecho la resolución y la recurrió en apelación ante la Audiencia Provincial de Las Palmas. La causa cayó por turno en la Audiencia Provincial y llegó a manos del magistrado Alba Mesa, que no ha visto motivos para apreciar el recurso y si para confirmar que el juez de Telde aplicó a la perfección el sentido común y la ley a la hora de emitir la resolución que no apreció vejaciones en los insultos.
«Qué pasa, maricón...»
Diversos juristas consultados por este periódico coincidieron con el punto de vista que expresa Alba Mesa en su sentencia: Las voces hijo de puta o maricón están enquistadas en el vocabulario. «Es inusual que alguien llame a otro hijo de puta y busque insultar a la madre», dijo un magistrado.