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Gran Canaria

CRÓNICA POLÍTICA 

El futuro del Oasis regresa al kilómetro cero

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Francisco Suárez Álamo / Las Palmas de Gran Canaria

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BIC Oasis Maspalomas. Índice. Así, en letras negras sobre folios blancos, se titula la particular biblia urbanística que, encuadernada en canutillo, acompañó durante las últimas semanas al consejero de Política Territorial del Gobierno de Canarias, Domingo Berriel. En su interior, cinco informes firmados por técnicos de su departamento sentenciaban que había motivos para rechazar el expediente de declaración del Oasis de Maspalomas como Bien de Interés Cultural (BIC), una propuesta elevada por el Cabildo de Gran Canaria después de que fracasara la iniciativa de aplicar esa protección al edificio del hotel Oasis, de la cadena Riu.
Igualmente encuadernados, pero no bajo el brazo, por incapacidad material de sujetarlos, estaban los seis mil folios del expediente que, con paciencia digna del santo Job, hicieron los técnicos del Cabildo de Gran Canaria capitaneados por el coordinador de área Larry Álvarez. Su conclusión, evidentemente, era bien diferente: sobraban razones para reconocer que el Oasis merecía protección adicional por el hecho de que allí recalaron, entre otros marinos ilustres, Colón, que además lo hizo en sus viajes a América.
En apariencia el pulso en torno al BIC se libraba entre esos dos conjuntos de documentos pero tanto el Gobierno como el Cabildo sabían que la clave no estaba ahí, sino en los archivos del Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. Allí reposaba la copia del proyecto presentado por Riu, el auténtico pecado original de este embrollo a medio camino entre lo político, lo urbanístico, lo arquitectónico, lo social, lo empresarial y, también, lo histórico. Para deshacer la madeja no había que decantarse ni por la pequeña biblia urbanístico-jurídica de Berriel ni por las lecciones de historia aportadas por Larry Álvarez y casi una docena de informes externos. Había que ir a la raíz, al corazón del embrollo y eso fue lo que finalmente hizo el Gobierno de Canarias, que llegó a la misma meta que el Cabildo pero por un camino diferente.
En realidad, el Ejecutivo optó por adueñarse del camino, el control de avituallamiento, la meta, los dorsales de los corredores y suspender la carrera. Como acertadamente señaló José Miguel Bravo de Laguna en la rueda de prensa ofrecida en la tarde del viernes, tras conocerse el acuerdo del Gobierno -a él se lo adelantó, en un gesto de cortesía institucional, el propio Berriel-, si había quien lo señalaba de «intervencionista», a ver cómo calificaban la calle de enmedio que, de manera sorpresiva, había encontrado el Gobierno releyendo con detenimiento la legislación sobre el suelo.
Pero es que no cabía otra opción. La cadena hotelera Riu no solo había presionado hasta la extenuación y había reiterado por activa y por pasiva que haría valer sus derechos, licencia en mano concedida por el Ayuntamiento, sino que desde hace meses tenía planificado el derribo del hotel y hasta tenía contratados los contenedores para cargar el mobiliario y enviarlo a otros inmuebles de la cadena. Riu se sentía, además, fuerte porque el gigante TUI le había hecho saber que tenía de su lado al Gobierno español. O eso al menos es lo que TUI había interpretado de la conversación con el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, quien, a su vez, ponía cara de preocupación cada vez que alguien le preguntaba al respecto, recordando que hasta la canciller alemana, Angela Merkel, había hecho llegar a Mariano Rajoy el malestar de la todopoderosa Alemania por el bloqueo de la inversión de una empresa con participación de Riu. Sobre este punto, siempre ha flotado una duda en el ambiente del PP grancanario: ¿qué era mayor:la preocupación de Merkel o el deseo de Soria de que Bravo de Laguna saliese derrotado? La respuesta la sabe solo el ministro pero el resultado probablemente no sea de su agrado: a la postre, se ha impedido lo que Bravo también quería parar, que era el proyecto inicial de Riu de un gigantesco hotel-muro vallando el palmeral, y, además, se hace con el control de la zona y de su futuro nada menos que Paulino Rivero, el enemigo político número uno del ministro y presidente del PP canario. Así se explica que la primera reacción de Riu fuese tan prudente que trasluce su desconcierto. Esperaba ganar y ahora  tiene que volver al kilómetro cero, acudir al Ayuntamiento, retirar su proyecto y probablemente buscar otro lugar del planeta donde, pese a las palmeras, las charcas o si Colón estuvo o no, le dejen levantar el macrohotel con el que soñaba.
En cuanto al Ayuntamiento, se queda compuesto y sin novia:de la noche a la mañana lo vaciaron de una competencia clave.
Y el Cabildo echa de menos a Colón pero se consuela con Hernán Cortés:Bravo, como él, quemó sus naves y salió airoso del envite.