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Actualizada el 04/08 a las 19:25

El trío de la política basura

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Francisco Suárez Álamo

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Así como en el mundo de la comunicación se ha generalizado el término de televisión basura para referirse a aquellos contenidos que buscan ganar audiencia saltando las fronteras de la ética y la decencia, en la política también habrá que adjudicar el calificativo de basura a lo que practican quienes, defendiendo intereses particulares, intentan enfangar al contrario con una porquería que, a la hora de la verdad, es la que adorna sus propios actos. Esa política basura es la que, desde hace tiempo, llevan practicando los dos consejeros del PSOE en Televisión Canaria -Domingo González Chaparro y Manuel González- y el supuesto independiente Miguel Guerra, que está en el cargo nombrado en su día por Coalición Canaria, y que se resiste a ser coherente consigo mismo, pues elude marcharse a su casa cuando es más que evidente que está encuadrado en Nueva Canarias -ya ven: presume de independiente, imparte doctrina de NC y cobra las dietas que le paga ATI-.

Los tres están en su derecho de atiborrar de papeles a la Fiscalía pero lo que entra ya en el terreno de la política basura es que lo hagan articulando mentiras e intentando -sin conseguirlo- minar el crédito social de personas y entidades que hasta la fecha les tenían respeto por su condición de representantes de unos partidos a los que se les supone la seriedad. Visto lo visto, el respeto parece que les viene grande y en cuanto a los partidos, allá estos si se instalan también en la política basura de sus subordinados. El Partido Socialista, por ejemplo, debería contar lo que sabe de los negocios particulares de González Chaparro, de su participación en obras que en su día fueron precintadas por incumplir la legalidad, o de cómo utiliza sus relaciones paterno filiales en una Corporación pública para conocer lo que se cuece en la Administración y arrimar el ascua a su sardina. En cuanto a Nueva Canarias, a ver si resulta que Miguel Guerra sabe algo de cómo se financian las campañas electorales y por eso tiene patente de corso.

El trío de la política basura cuestiona ahora ante la Fiscalía que haya empresas que hagan negocio con los contratos de programas de la Televisión Canaria. Debe ser que en sus años en el Consejo de Radiotelevisión hicieron lo posible para que el anterior adjudicatario se empobreciera hasta desaparecer; lo curioso del caso es que no lo consiguieron. Al contrario: Socater ganó dinero y alguna que otra productora se hizo de oro. Ellos lo sabían y ellos lo consintieron, y ahora, mira por dónde, les parece mal que otras empresas puedan obtener beneficios. Sorprende especialmente que alguien tan metido en los negocios como González Chaparro no tenga claro que sin un mínimo beneficio empresarial, las compañías cierran.

En todo caso, la pléyade de productoras privadas que hay en Canarias ya puede tomar nota de lo que desean los consejeros del PSOE y de Nueva Canarias: que se hundan, que no ganen un solo euro, que despidan a la plantilla, que tiren a la basura los equipos de que disponen, que entierren las buenas ideas... en fin, que haya una política de tierra quemada para que, al final, cuando parezca que no hay más remedio que cerrar el negocio audiovisual, aparezca de nuevo la anterior adjudicataria como salvadora y vuelva -entonces sí- a hacer caja a cuenta de la Televisión Canaria. Esa es, a fin de cuentas, la trama que anida tras la política basura. Y eso sí que es ser dócil a una empresa, que es probablemente lo peor que puede hacer un cargo público. Probablemente en términos jurídicos la denominación sea otra, pero para eso están los tribunales.

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