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Segismundo Uriarte
Las Palmas de Gran Canaria
Casi siempre que se habla de la inmigración se circunscribe a la inmigración irregular y como consecuencia de las tragedias que está causando el cruzar el mar que nos separa. Pero sin embargo, hay otra inmigración, la regular, sobre la que también hay que reflexionar, porque la misma no puede entenderse como separada de la integración, es decir, de un proceso gradual de participación de los inmigrantes en el proyecto común de la sociedad de acogida.
La legislación española en materia de extranjería parece vigilar más las medidas de seguridad para quienes entran en el país que educarles en intentar que se integren en la sociedad. Los inmigrantes son personas muchas veces a las que se les margina por no tener medios de vida y eso significa no tener memoria histórica para recordar vicisitudes vividas en nuestro país en tiempos pasados.
El estatus que ahora ostentamos de ciudadanos europeos no ha contribuido precisamente a paliar las dificultades con respecto a las relaciones con los inmigrantes extra-comunitarios. Se han sentado unas bases de armonización de convivencia entre los Estados europeos comunitarios pero actualmente Europa presenta graves problemas con respecto a la entrada de los extra-comunitarios procedentes del norte de África, de la Europa del este o de Sudamérica. Los europeos no podemos cerrar los ojos ante esa realidad. Es conveniente formar un sistema de relaciones entre los ciudadanos de la Unión Europea y los extra-comunitarios.
Es cierto que la categoría de ciudadanía europea trae importantes beneficios para los ciudadanos de los Estados miembros. Pero tampoco puede negarse que fomenta aún más la separación entre ciudadanos que pertenecen a una comunidad y los excluidos, los extranjeros. Las propuestas sobre los extranjeros van más allá de los proyectos nacionales. Son numerosos los autores que preconizan la necesidad de elaborar una teoría de la inmigración a nivel de la Unión, como paso previo para que la noción de ciudadanía adquiera el contenido distintivo del que actualmente carece.
La inmigración es vista en la mayoría de los casos como un fenómeno laboral, socio-económico o cultural y no como un hecho social global. Sabemos que los inmigrantes traen otra cultura pero no basta la respuesta de asimilarlos, negarlos o ignorarlos. No cabe tampoco hacer guetos con los colectivos de inmigrantes, de encerrarlos en grupos minoritarios y verter sobre ellos nuestras quejas o hacer recaer en ellos las culpas de nuestros males sociales. Es cierto que el multiculturalismo acaba incurriendo en el error de crear grupos cerrados de culturas, muchas-culturas pero incomunicadas entre sí, ignorantes unas de la existencia de las otras. Eso no es interculturalismo, no es pluralismo, no es lo que una sociedad actual demanda, pues los conflictos entre esas diversas culturas segregadas no tardarán en aparecer. Y es mejor que antes de que aparezca el conflicto haya un tratamiento de esta realidad: desde el poder legislativo y con la ayuda de los Servicios Sociales y otros profesionales que sean especialmente sensibles a esta realidad. Es necesario trabajar para superar la mera política de inmigración y orientándose hacia una política intercultural, cuidando los procesos de integración-diferenciación socio-cultural, buscando cómo garantizar de manera justa la vida conjunta de diferentes comunidades culturales en un mismo ámbito geográfico.
La inmigración como fenómeno social se ha convertido en los últimos años en el centro de atención de los medios de comunicación y en un reto social para representantes políticos, técnicos de áreas municipales, profesionales de servicios sociales, organizaciones no gubernamentales y para las propias comunidades inmigrantes implicadas en el proceso.
Entre los problemas más comunes se encuentran la escasa planificación de las intervenciones, la falta de métodos de trabajo adecuados, la difícil comunicación con usuarios de otras culturas, la maraña jurídica de la normativa vigente en la materia y la creciente problemática que aparece en las segundas generaciones. Entendemos pues que se hace necesario diseñar metodologías de trabajo adaptadas para los profesionales (abogados, psicólogos, trabajadores sociales, voluntarios de las ONG, etc) que trabajan en contacto con inmigrantes. Es así como podrá paliarse en parte la marginalidad en la que acaba cayendo un amplio colectivo de inmigrantes, así como los problemas de bajos niveles de actividad económica, viviendas deficientes y problemas de seguridad especialmente asociados a la prostitución y al tráfico de drogas.
Es frecuente que el inmigrante que llega a nuestro país se tenga que enfrentar a un triple tipo de barreras: las psicológicas (falta de confianza, falta de apoyo familiar, falta de experiencia positiva de formación, expectativas no cumplidas); las sociales (responsabilidades familiares con hijos pequeños, desconocimiento de los recursos existentes en su barrio y/o comunidad, percepción de las actividades de formación como un coste no como una inversión); y las culturales-religiosas (diverso rol de la mujer como en el caso de las musulmanas que no pueden compartir espacios públicos con hombres que no sean de su familia o tienen que pedir el permiso de sus padres o maridos). Si partimos de las tendencias sociológicas europeas debemos prever que con el tiempo irá aumentando progresivamente el número de familias que provienen de otros países, de otras etnias o de otros contextos culturales y hay que preparase y formarse para trabajar dentro de un marco de políticas interculturales que faciliten la convivencia ciudadana. La mayoría de estas familias inmigrantes van a sufrir unas dificultades de adaptación, fruto de la exclusión social, lo que va a acabar derivando en culturas minoritarias discriminadas. La mediación intercultural o mediación social puede ayudar a paliar en parte esta situación.
Comentarios de los lectores
1. Perdón, pero los comunitarios también están excluídos: si eres mujer y no tienes un título homologado, al gallinero. Si padeces depresión, no tienes derecho a baja laboral. Hay mucha xenofobia encubierta. Hipatia 03.12.2008 01:01
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