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Cultura

Entrevista 
Actualizada el 20/04 a las 18:23

Javier Camarena: "Me gusta mucho pintar con las palabras"

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(Foto: Arcadio Suárez)

El tenor mexicano Javier Camarena, en una de las escaleras interiores del teatro Pérez Galdós, donde se estrena este jueves.

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Victoriano Suárez Álamo / Las Palmas de Gran Canaria

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El tenor  Javier Camarena (Xalapa, Veracruz, 1976 ) se pone desde este jueves en la piel de Tonio, el principal rol masculino de ‘La hija del regimiento’. En el marco de la 50ª temporada de ópera de la capital grancanaria afrontará la icónica aria ‘Ah! mes amis’, con nueve do de pecho

— ¿Por qué es tan especial el rol de Tonio para usted? ¿Este papel de La hija del regimiento tiene algo más que lo diferencia del resto, además del famoso aria de los nueve do de pecho?

— Si excluimos esa aria, queda muy poco [risas]. Lo realmente especial es eso. Es un rol que se desarrolla con una música emblemática y chispeante. El aria Ah! mes amis sitúa en el foco a los intérpretes que la acometen. Te encuentras con Kraus, Pavarotti, Juan Diego Flórez... Tonio es un personaje que no es tan inocente como Nemorino. Es un joven que ama y lo hace de una forma desmedida. Es como se ama cuando se es un muchacho. Ese amor lo lleva a ser un militar. Nemorino, por ejemplo, no llega a ser militar. Tonio se enrola en el ejército y combate para hacerse un pretendiente digno para Marie. Así se crea este personaje de gran valía y coraje. Para mí es un rol muy entrañable.

— ¿Le sorprendió que en la versión que va a protagonizar en el teatro Pérez Galdós, dentro de la temporada de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO), la acción se haya trasladado a la Segunda Guerra Mundial?

— No. En otras producciones también se traslada desde las guerras napoleónicas a la Primera Guerra Mundial. Siempre tiene que existir un marco para justificar la existencia de un batallón y un ejército, dentro del que se sitúa a Marie. Creo que ha sido una puesta en escena muy bien pensada y acertada.

— ¿Cómo afronta un tenor el momento de cantar un aria como Ah! mes amis, cuando sabe que todo el público está esperando ese instante? ¿Se dispara la tensión o es algo que se domina con oficio?

— En este caso tengo que secundar lo que decía el maestro Alfredo Kraus. Tú eres un intérprete. La emoción debe ser algo que se proyecte y no algo interno. Si piensas demasiado en este tipo de cosas, dejas mucho en manos del azar y la emoción. No te puedes permitir algo así. No tanto porque se trate de un momento tan esperado. Las dos arias conocidas de La hija del regimiento tienen una enorme dificultad. Requieren de una concentración total. Debe parecer que uno está disfrutando, que todo es muy fácil... pero detrás existe una enorme concentración para generar una representación estupenda.

— ¿Disfruta usted en ese momento o es tal la tensión que le resulta imposible?

— Yo disfruto mucho. Disfruto de mi oficio, de cantar, de la música, de este repertorio, de platicar este aria tan fundamental del repertorio belcantista... Gracias al trabajo que he realizado con mis maestros he podido llevarlo a cabo. Me considero una persona muy afortunada.

— Ha nombrado usted al Tonio de Kraus, al Tonio de Juan Diego Flórez... ¿cómo será el Tonio de Javier Camarena?

— Cada uno tiene su Tonio. Kraus era muy técnico. Proyectaba la emoción a través de la voz. En eso se concentraba. Creo que con Juan [Diego Flórez] pasa un poco lo mismo. Yo soy más desbocado. Soy mexicano y traigo este temperamento  [risas]. Me gusta mucho más dejarme llevar por la parte emocional. Me gusta mucho pintar con las palabras. Me encanta comunicarme a través de la música. No solo comunicarme yo, sino comunicar la música y la idea que creó el compositor a través de mi personaje. Creo que esa podría ser una diferencia importante, no solo para esta ópera, sino para todo el repertorio.

— De ahí la importancia de generar una cierta química sobre el escenario con el resto del elenco. Usted destacó, en la presentación a los medios de La hija del regimiento, que esa conexión se ha generado con la soprano Jessica Pratt...

— Es muy importante. Puede generarse una empatía del 200%, pero si no te llevas bien, si no caes bien, si no tienes confianza sobre el escenario con los que te rodean... difícilmente podrás proyectar una escena de amor, un sufrimiento. Lo puedes actuar, pero el público se dará cuenta. El objetivo es que se proyecte y trascienda esa emoción. El público debe vivirlo junto con los personajes. Por eso ha sido tan lindo encontrarme con Jessica Pratt en estos ensayos. Ha sido acción-reacción.

— Parece que lo que usted busca es una vuelta a los orígenes de la ópera. Un arte popular que enganche con el público, más allá de ciertos elitismos que en los últimos años la han distanciado.

— Más allá de lo que usted dice, la ópera es un trabajo de equipo. No me interesa que una ópera se centre en mí. Jamás me ha interesado. Esta ópera, por ejemplo, se llama La hija del regimiento. El personaje central es Marie. Lo que uno hace debe servir de soporte para toda la historia. Creo en la ópera como un trabajo de muchos. Me gusta trabajar así. Es algo que valoro muchísimo. Me gusta que se vea, no solo desde un punto profesional, sino personal. No solo se trata de volver a la ópera como fue en sus orígenes, sino de convertir la ópera en un espectáculo integral.

— ¿Se está consiguiendo?

— No lo sé. Hay tantos mitos, tantas historias y leyendas que giran en torno a la ópera, esa necesidad de crear estrellas e ídolos... No sé si se puede romper con ese aura que hace tan mítica la ópera.

— ¿Cree que el aura del que usted habla y ese elitismo que se ha creado en torno a la ópera ha terminado por dañárla?

— He escuchado tantas anécdotas, tantas cosas que parecen cuentos fantásticos en torno a actitudes, que me hacen dudar. Yo amo mi trabajo. Pero no creo que esto me haga ser superior al resto de las personas. Lo considero un don. Me considero privilegiado por poder compartirlo con la gente y que esa gente lo disfrute. Si lo consigo, es una  bendición más. Para mí es algo fantástico poder sentir el cariño de la gente. Pero eso no te pone en otro lugar. Te acerca a ellos, a sus corazones. Es cierto que el escenario te otorga una distancia, pero fuera del mismo estamos todos en el  mismo lugar.

— ¿Percibe una mayor presencia de público joven en las representaciones operísticas?

— Creo que existe un cierto interés, aunque parezca lo contrario. Me llaman la atención los reality shows televisivos. Más de una vez, un cantante no profesional que hacía algo de lírica acaba destacando en esos programas. Ahí tenemos el ejemplo de Susan Boyle, que acabó ganando el suyo y grabando discos. El pop es un género que tiene sus dificultades. Ni mucho menos lo desprecio. Pero es música desechable. La ópera trasciende por su contenido, por su belleza... No es algo pensado para el momento. Puede tener tanta actualidad como lo permita el intelecto de la gente. Hay un gran público joven que está cansado del pan con lo mismo y del mismo sonsonete. No es que la ópera te haga un intelectual. Ni te hace más inteligente. Te hace más sensible. Esa sensibilidad te permite ver el mundo de una manera distinta y enfrentarlo con un espíritu más honesto.

— Alfredo Kraus, como casi todos los grandes de la historia de la música, también cantó música popular. ¿Le gusta hacerlo?

— Claro que sí. Ahora estoy descubriendo la zarzuela. Es algo que me está gustando mucho. Conocía muy poco y voy a hacer en breve un concierto cuyo contenido será todo de zarzuela. Me encanta también la canción popular mexicana. Soy un fanático del bolero. Kraus grabó dos canciones de la compositora María Grever, que fue fundamental en la época dorada de este estilo. Grabó Júrame y Lamento gitano. Creo que cantó La muñequita linda, que también es de ella, pero no sé si la grabó. Hizo mucha música popular española. Me encantan las composiciones de Agustín Lara, Jorge del Moral... los que crearon canciones para Negrete, Javier Solís, etcétera. Cada vez que tengo la oportunidad, coloco alguna de estas canciones en mis conciertos.

— ¿Se anima a grabar un álbum con este repertorio?

— Me animaré a hacerlo cuando exista el contrato para hacerlo [risas]. Desde luego, es parte de mi cultura musical. Es con lo que yo crecí y siento que con eso fui creando mi sensibilidad musical. Además, me permite ver la ópera con otros ojos e interpretarla de una manera diferente.

— No se puede ni se debe renunciar a las raíces...

— Claro que no. Hoy mismo ves a Juan Diego Flórez cantando con su guitarra, haciendo temas tan emblemáticos y bellos como La flor de la canela. He visto a Celso Albelo cantando cosas de su propia tierra. No podemos dejarlo a un lado. Forma parte de nuestro crecimiento musical y no debemos renunciar a ello.

— ¿Reside, cuando su agenda se lo permite, en su México natal?

— No. Desde hace once años vivo en Suiza. Me fui para allá como estudiante. Me he quedado en Zurich. Es donde vive mi familia, mi mujer y mis hijos. Es un lugar estupendo para la crianza de los niños. Estamos allí más por ellos que por nosotros. A mi esposa y a mí nos encanta Madrid, Barcelona y España en general. No veo imposible que en un futuro nos traslademos.

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