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César-Javier Palacios / Puerto del Rosario (Fuerteventura)
Los petirrojos de la isla de Gran Canaria son, en opinión de tres importantes investigadores alemanes, una especie distinta y única en el mundo a la que han bautizado con el nombre de Marionae. De ser aceptada su propuesta por la comunidad científica internacional, este pequeño, común y cantarín pajarillo forestal sería la primera especie exclusiva de la Isla.
El estudio aparece publicado en el último número de la revista suiza Avian Science, y lo firman los profesores de la Universidad de Heidelberg Christian Dietzen y Michael Wink, junto con Hans-Hinrich Witt, de la Forsthaus Kornberg de Frielendorf. Para ello viajaron a Canarias en 2002 y tomaron pequeñas muestras de sangre a 57 aves de todas las islas, que compararon con otras de Alemania, Portugal y Francia. Tras un complejo estudio genético a partir de secuencias de ADN, los resultados han sido claros.
En primer lugar, los petirrojos de Fuerteventura son idénticos a los europeos, lo cual es lógico pues la especie no cría ni en esta isla ni en la vecina Lanzarote, y los que allí llegan son ejemplares invernantes o en paso durante sus largas migraciones entre África y Europa.
También que los petirrojos de La Gomera, La Palma y El Hierro, aunque crían en ellas y están presentes todo el año, son igualmente semejantes a los europeos. Hasta aquí, el método confirmó lo que ya se sabía.
Asombro
La sorpresa vino al estudiar las muestras de Gran Canaria y Tenerife, donde hasta ahora se les consideraba diferentes de los europeos pero tan sólo como subespecie y no como especie. Algo parecido a una raza distinta, denominada Superbus, distinguible por el color rojo herrumbroso de su pecho. El estudio del ADN confirmó la condición diferente de los de Tenerife, pero también entre éstos y los de Gran Canaria, distanciados genéticamente de sus primos canarios y europeos hasta el punto de poder considerarse, por sí solos, dos especies aparte, o al menos dos subespecies distintas.
Basándose en lo que los investigadores conocen como «reloj molecular», el equipo de Dietzen concluye que los petirrojos de Gran Canaria se distanciaron genéticamente de sus parientes europeos hace nada menos que 2,3 millones de años, mientras que los de Tenerife tardaron medio millón de años en dar este salto, hace 1,8 millones de años. La razón estaría en una diferente colonización de Canarias por este pajarillo, que arribó primero a la isla más vieja, y posteriormente pasó a la vecina, siendo su llegada a las islas occidentales más reciente y a partir de ejemplares europeos de los que aún no se han diferenciado. Tanto en las poblaciones grancanarias como en las tinerfeñas es característico lo que los biólogos conocen como «síndrome isleño», evidenciado por tener unas alas más cortas y redondeadas que las de sus parientes europeos.
Más información en el periódico CANARIAS7
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